Don Gabriel Covarrubias Ibarra

POR REDACCIÓN / POLÍTICA

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Don Gabriel Covarrubias Ibarra (QEPD).

El pasado 2 de agosto falleció, a los 88 años de edad don Gabriel Covarrubias Ibarra, un ciudadano tapatío muy respetado a lo largo de su trayectoria profesional y de servicio público. Entre lo que se escribió sobre él en esos días, hemos seleccionado algunos apuntes biográficos escritos por Jaime García Elías y una anécdota publicada por Julio César Hernández en 1994.

Y sin mayor preámbulo…

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(JAIME GARCÍA ELÍAS / EL INFORMADOR) El día de hoy falleció Don Gabriel Covarrubias Ibarra, quien fuera presidente municipal de Guadalajara de 1989 a 1992. Además fue Tesorero del Estado y estuvo al frente del Comité de Reconstrucción de la ciudad, tras las explosiones del 22 de abril de 1992 en el sector Reforma.

Era frecuente, cuando Don Gabriel Covarrubias Ibarra ejerció como presidente municipal de Guadalajara, verlo deambular, en las tardes, por los portales o por cualquiera de las plazas que circundan el edificio de la Presidencia. Lo hacía, de ordinario, acompañado por su jefe de prensa (Humberto Atilano) o por algún otro colaborador; no por “guaruras”… Era común que los ciudadanos lo reconocieran, lo saludaran o le plantearan algún asunto que eventualmente podría resolverse más fácilmente con su mediación.

–Es la mejor manera de conocer la ciudad y las necesidades de sus habitantes –decía–: platicando con la gente.

Cuando acudía a las colonias, a entregar algunas obras –parques y jardines rehabilitados, principalmente–, era frecuente que obviara los discursos y optara por una amable recomendación:

–Ustedes lo solicitaron, y aquí lo tienen. Ahora viene lo más importante: úsenlo… y cuídenlo, porque no es mío: es de ustedes.

Le tocó en suerte ser alcalde de Guadalajara cuando se cumplieron 450 años de su fundación. Entre las obras que en ese tiempo se pusieron a disposición de los tapatíos se cuentan la rehabilitación y el equipamiento del entonces muy venido a menos Parque Agua Azul, el estacionamiento subterráneo y el nuevo jardín frente al Templo Expiatorio… Le tocó, también, vivir, aunque ya no como alcalde, el trauma de las explosiones en el Sector Reforma. Cuando se le designó para presidir el patronato que aplicaría en beneficio de las víctimas los fondos aportados por Pemex, se le preguntó si no era una ironía grosera que, en vez de ahondar en las investigaciones y apuntar las responsabilidades a donde correspondiera, la paraestatal, solapada por las autoridades encargadas de hacer justicia, quedara como benefactora de los damnificados.

–Es probable –admitió–; sin embargo, a mí no me encomendaron investigar, sino repartir el dinero para atenuar el daño que en su persona o en su patrimonio resintieron muchos inocentes. Y eso es lo que pretendo hacer lo mejor posible.

Las finanzas eran su fuerte. Se hablaba de tú con los números. De ahí su inclinación a meter tijera a la solicitud de fondos presupuestales de algunos de sus colaboradores.

–Ustedes –les decía– quieren gastar el dinero del pueblo como si no fuera pecado.

La imagen que dejó, en los cargos que desempeñó en el sector empresarial, en el bancario y como funcionario público, fue –¿rara avis?– la de un hombre de bien, preocupado por el bienestar de sus semejantes.

Descanse en paz.

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(JULIO CÉSAR HERNÁNDEZ / OCHO COLUMNAS, 11 de febrero de 1994) –Don Gabriel, lo felicito por su trabajo al frente del Patronato-, le dijo casi al oído Luis Donaldo Colosio Murrieta a Covarrubias Ibarra, corroborando la felicitación con un saludo y un abrazo, el único que dio a quienes se encontraban en el salón de la Cámara de Comercio.

-Muchas gracias, señor-, respondió el presidente del aún vigente Patronato de Reconstrucción.

-Necesito que hablemos… lo más pronto posible. Yo me comunico-, le expresó Colosio Murrieta al ex alcalde de Guadalajara antes de dirigirse a su siguiente evento.

Testigo muda del diálogo fue la empresaria Sandra López Benavides.

Previo a la llegada de Colosio al salón Guadalajara de la CANACO, don Gabriel Covarubias fue invitado por un elemento de la ayudantía del candidato a ocupar el lugar número 13, en primera fila y frente al presidium.

-Son instrucciones-, le dijo a don Gabriel, mientras éste se despedía de Francisco Arroyo Chávez.

Este diálogo entre Colosio Murrieta y Covarrubias Ibarra cobra un importante significado luego de que, como en ningún lado lo había declarado, el candidato priista subrayó que “Jalisco ha pagado un pesado tributo al centralismo” y marcó “la necesidad de acabar con la soberbia del centralismo”.

Hay que recordar que sin pretender un rompimiento con el “centro”, pero sí una relación respetuosa dentro del marco del federalismo, Covarrubias Ibarra enarboló la bandera de un trato más justo hacia las entidades cuando ocupó la Tesorería del Estado, en el gobierno de don Enrique Álvarez del Castillo, y hacia los municipios cuando encabezó el Ayuntamiento de Guadalajara.

Muchos habrán dado la razón a Covarrubias Ibarra cuando Colosio Murrieta expresó:

“No es desde el centro, con reglamentos pensados burocráticamente, detrás de un escritorio, y muchas veces impuestos autoritariamente sobre la conciencia y el acuerdo comunitario, como vamos a resolver los problemas de los barrios, colonias y ciudades”.

Como tesorero estatal, don Gabriel demandó una mayor equidad tributaria, y así lo reiteraba en cada foro en el que participaba ante funcionarios municipales, estatales y federales. Inclusive, hasta ante el propio presidente Miguel de la Madrid Hurtado.

Como alcalde de Guadalajara, mantuvo su misma posición en materia fiscal y de lo que correspondía a las participaciones federales. Pero fue más allá: interpuso un amparo ante la decisión injusta de la Comisión Federal de Electricidad de elevar de manera excesiva las cuotas de alumbrado público -que hasta la fecha no se ha solucionado- y fue el único munícipe de todo el país que se inconformó con los resultados del censo de población de 1990 aplicado por el INEGI y que levantó su propio censo.

Ahora, Luis Donaldo Colosio Murrieta reconoce aquí en Guadalajara la necesidad de “acabar con la soberbia del centralismo”, pero eso tampoco significa ruptura sino la necesidad de una verdadera coordinación, de un respeto al federalismo, y de un trato justo y equitativo en lo que a las participaciones federales se refiere.

Pero no todo debe de quedar ahí: se debe ir más allá y eso lo entiende muy bien el abanderado priista, pues así lo consignó cuando se comprometió a promover fórmulas que otorguen la mayor importancia a los acuerdos y fortalezcan la capacidad de las autoridades en los distintos niveles de gobierno, para reaccionar a cabalidad ante la injusticia, ante las insuficiencias y ante las ineficiencias.

Naturalmente que la atención de propios y extraños se mantendrá a la expectativa hasta no conocer qué pasará con ese “necesito que hablemos… lo más pronto posible” que Colosio le dirigió a don Gabriel Covarrubias.

Por ahí, en ese mismo momento, la “grilla” se alebrestó.

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