EL AGUA: LA OTRA CARA DE LA GUERRA EN SIRIA Y EN EL MUNDO ENTERO

TXT: ANA SOFÍA ASCENCIO CONTRERAS

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La crisis humanitaria derivada de la guerra y la falta de agua en Siria, afecta principalmente a miles de niños.

Guerra del agua, un nuevo concepto bélico. Desde hace años se pronosticaba que la escasez de recursos naturales provocaría conflictos entre países. Parece que la amenaza se está cumpliendo. Y no hay que remontarnos a Siria ya que también aquí, en nuestro México se producen, aunque con otros formatos, guerras a causa del preciado líquido.

Las primeras guerras entre naciones que registra la historia eran para conquistar territorios, para ampliar imperios incorporando a otros pueblos y culturas, para ejercer dominación política, militar y económica. Más tarde se fueron incorporando otros factores, como la ideología y la religión, y recientemente se mezcló el tema de los recursos naturales.

Después de la II Guerra Mundial, el tema dominante de los conflictos internacionales ha sido el petróleo, pero hoy en día se está produciendo otro giro, la guerra muestra una cara distinta: se pelea por el agua. Se utiliza la “política acuática”, como la llama John Kolars, de la Universidad de Michigan, para debilitar al enemigo. Así está ocurriendo en Medio Oriente, una de las regiones más áridas del planeta y donde los recursos hídricos, principalmente los ríos, atraviesan por varios países. Tan sólo en Egipto, el 97 por ciento del territorio es desierto.

El agua es vital para la vida humana y para la agricultura, la actividad a la que se dedica la mayor parte de la población en estos países.Butros-Ghali, diplomático egipcio y exsecretario de la ONU que falleció el año pasado, afirmó en cierta ocasión que la seguridad nacional se basa en el agua.

Si bien el problema del agua tiene su mayor expresión en Siria a causa de la guerra civil, también Jordania, Israel, Turquía, Egipto e Iraq, entre otros países, sufren a causa de la escasez del recurso. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, más de cinco millones de personas en Damasco no tienen agua. En la ciudad de Alepo, una de las más golpeadas por la guerra, ocurren hasta 18 cortes deliberados en un año y han llegado a quedarse sin agua hasta 17 días seguidos.

Para Tomás Naff, de la Asociación para las Investigaciones en el Medio Oriente, la Guerra del Pérsico alteró el equilibro que proporcionaba el río Éufrates, y Joyce Starr, presidente de la Iniciativa Global en la reunión denominada “Cima por el Agua”, convalida la tesis de que la cuestión fluvial representa el mayor problema ya que cada país hace lo que quiere en los ríos compartidos. Lo peor es que hay acuerdos, sostiene un reportaje publicado en NationalGeographic.

La “guerra de agua” tiene diferentes manifestaciones; en Bolivia, en año 2000, fue muy difundido el conflicto ocurrido en Cochabamba por la privatización del servicio de agua potable; muy diferente es la lucha que sostiene ese país en foros internacionales por obtener una salida al mar.

Otro caso, reciente y en nuestro país, fue la oposición que presentaron las comunidades yaquis en Sonora en contra del proyecto del Acueducto Independencia para llevar agua de la presa Plutarco Elías Calles a Hermosillo. La controversia llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que ordenó a la Semarnat y al Fondo de Operación de Obras Sonora, a detener el proyecto por no haber presentado un estudio de impacto ambiental y negar a los naturales del valle el derecho de audiencia.

Y sin ir más lejos, la construcción de la presa El Zapotillo está congelada a causa del diferendo entre los estados de Guanajuato y Jalisco sobre las cuotas de abasto de agua para ambas entidades. Hace poco, también se canceló el proyecto de la Presa de Arcediano en la barranca de Huentitán, que en teoría habría de garantizar por muchos años el abasto de agua para la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Como se puede constatar, la guerra del agua, o por el agua, tiene diferentes ángulos y ocurre no sólo en los candentes desiertos del Medio Oriente sino también en comunidades desarrolladas y pacíficas como México.

DERECHO HUMANO

El acceso al agua fue reconocido explícitamente por la ONU el 28 de julio de 2010, mediante la resolución 64/292 que dice: “Un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos”. En ella exhorta a los gobiernos y organizaciones internacionales a “proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los países en vías de desarrollo; a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos”.

Dos años más tarde, en noviembre de 2002, el Departamento de Estudios Económicos y Sociales de la ONU precisó que “El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna”, y definió el Derecho al Agua como “el derecho de cada uno a disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico”.

Si bien los Derechos Humanos representan en buena medida, más un propósito que una ley, es decir, son de carácter aspiracional, el hecho de haber reconocido el derecho humano al agua representa un avance y puede estimular a los gobiernos a fortalecer sus esfuerzos en la creación de infraestructura hidráulica, así como a sensibilizar a los líderes y a la opinión pública en este tema.

Nos parece muy ilustrativo el texto publicado en 2004, en Water as a Human Right?, ya que precisa con toda claridad las cinco características que debe satisfacer el Derecho al Agua.

Dice textualmente:

“SUFICIENTE. El abastecimiento de agua por persona debe ser suficiente y continuo para el uso personal y doméstico. Estos usos incluyen de forma general el agua de beber, el saneamiento personal, el agua para realizar la colada, la preparación de alimentos, la limpieza del hogar y la higiene personal. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), son necesarios entre 50 y 100 litros de agua por persona y día para garantizar que se cubren las necesidades más básicas y surgen pocas preocupaciones en materia de salud.

Organizaciones civiles y la ONU participan en programas para llevar agua a quienes salen de su país en busca de refugio.

“SALUDABLE. El agua necesaria, tanto para el uso personal como doméstico, debe ser saludable; es decir, libre de microorganismos, sustancias químicas y peligros radiológicos que constituyan una amenaza para la salud humana. Las medidas de seguridad del agua potable vienen normalmente definidas por estándares nacionales y/o locales de calidad del agua de boca. Las Guías para la calidad del agua potable de la Organización Mundial de la Salud (OMS) proporcionan las bases para el desarrollo de estándares nacionales que, implementadas adecuadamente, garantizarán la salubridad del agua potable.

“ACEPTABLE. El agua ha de presentar un color, olor y sabor aceptables para ambos usos, personal y doméstico (…) Todas las instalaciones y servicios de agua deben ser culturalmente apropiados y sensibles al género, al ciclo de la vida y a las exigencias de privacidad.

“FÍSICAMENTE ACCESIBLE. Todo el mundo tiene derecho a unos servicios de agua y saneamiento accesibles físicamente dentro o situados en la inmediata cercanía del hogar, de las instituciones académicas, en el lugar de trabajo o las instituciones de salud. De acuerdo con la OMS, la fuente de agua debe encontrarse a menos de 1,000 metros del hogar y el tiempo de desplazamiento para la recogida no debería superar los 30 minutos.

“ASEQUIBLE. El agua y los servicios e instalaciones de acceso al agua deben ser asequibles para todos. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sugiere que el coste del agua no debería superar el 3% de los ingresos del hogar”.

El Derecho al Agua también está explicitado en los Objetivos del Milenio, cuyo capítulo 7 establece el compromiso de “Asegurar un medio ambiente sano y seguro”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció índices para medir los niveles de suministro satisfactorio del agua. En su Informe Sobre Desarrollo Humano señala que:

“La mayoría de las personas que se considera carecen de acceso seguro al agua utilizan alrededor de 5 litros aldía.

“La mayoría de las personas necesita al menos 2 litros de agua salubre al día para la preparación de alimentos.

“Una mujer en periodo de lactancia implicada en una actividad física moderada requiere un mínimo de 7.5 litrosde agua al día”.

La lista sigue con muchos más índices comparativos.

NIÑOS, LOS MÁS AFECTADOS

Regresando a la situación que se vive en Siria, donde la población está constantemente amenazada por las balas y las bombas, la “guerra del agua” no sólo se utiliza con fines políticos y bélicos, sino que además ha puesto en un grave riesgo a los niños.

Fuentes periodísticas señalan que las familias envían a los niños a recoger agua en fuentes y llaves públicas para que la lleven en cubetas a sus casas. Esta práctica pone a los niños en un doble riesgo: contraer infecciones por el consumo de agua insalubre y ser alcanzados por las balas en los constantes enfrentamientos que se suscitan entre las fuerzas gobiernistas y las opositoras.

Un informe reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), advierte que “la falta de acceso a agua potable en Siria durante este verano está poniendo en peligro la vida de millones de niños por el riesgo de contraer enfermedades que se transmiten a través del agua”.

Ya van cinco años de crisis y “el agua es cada vez más escasa e insalubre, y las malas condiciones higiénicas, en particular en las comunidades de desplazados, están poniendo a más niños en grave peligro”, afirma Hanaa Singer, la redactora del informe.

Asimismo, señala que durante el año 2015 se registraron oficialmente 105 mil 886 casos de diarrea aguda en Siria, por lo que “la situación es preocupante sobre todo para los niños, que son especialmente vulnerables a las enfermedades transmitidas por el agua”. La hepatitis A también es una amenaza. Tan sólo en una semana del mes de febrero se detectaron 1,700 casos.

El problema de los ríos no se reduce tan sólo a que varios países los comparten, sino que en diversos puntos están contaminados por las aguas residuales que se vierten en sus cauces. En la provincia Deir al-Zur, en la ribera del Éufrates, se han detectado 1,144 casos de tifus o fiebre tifoidea.

En enero de este año, el Comité Internacional de la Cruz Roja comenzó a distribuir agua en Damasco, donde el suministro normal estaba cortado, según afirmó el portavoz de la institución en Siria, IngySedky a través de internet.

“La Autoridad de Agua de Damasco usa el agua de esos pozos para repartirla por toda la infraestructura de la ciudad. Cada día hay una lista en la que se anuncian las áreas que recibirán agua y las horas a las que se producirá. Actualmente cuentan con siete camiones que movilizan todos los días para garantizar la distribución de agua a panaderías, hospitales y a los barrios más vulnerables de Damasco”, detalla el comunicado de la Cruz Roja.

¿HAY SOLUCIÓN?

La guerra civil en Siria ya cumplió seis años. Inició en marzo de 2011 cuando manifestantes salieron a las calles para exigir la liberación de presos políticos. El conflicto fue escalando hasta que en 2012 se desató abiertamente la guerra entre el régimen del presidente Bashar al Asad contra la insurgencia armada.

En marzo de 2013, la ONU anunció que más de un millón de sirios habían abandonado sus hogares para buscar refugio. Ese mismo año los servicios de Inteligencia de Estados Unidos aseguraban que un ataque con armas químicas lanzado por el gobierno sobre Damasco había matado a cientos de personas.

En 2014, mientras iniciaban en Ginebra, Suiza las negociaciones de paz, entraba en escena el grupo terrorista Estado Islámico dominando un territorio compartido entre Iraq y Siria. Al mismo tiempo, celebraron elecciones presidenciales que ganó Asad.

En 2015 Rusia se sumó al conflicto y en 2016 se logró un frágil alto al fuego. Se estima que, hasta el momento, más de cuatro millones de personas han abandonado su país y más de 250 mil han muerto en combates.

El 2017 añadió al conflicto la intervención del presidente norteamericano, Donald Trump, quien ordenó un bombardeo con misiles Tomahawk, como represalia por el uso de armas químicas.

Como se puede observar, el conflicto bélico no parece estar llegando a su fin sino todo lo contrario. Por lo tanto, es urgente la intervención de la ONU y de las potencias para lograr, por lo menos, un acuerdo que proteja a la población civil y sobre todo a los niños, de los estragos que está causando la otra guerra: la del agua.

FUENTES CONSULTADAS:

-Informe sobre Desarrollo Humano (OMS).

-Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

-Objetivos del Milenio.

-Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

-El Derecho Humano al Agua y al Saneamiento (ONU).

-Agencia BBC, Londres.

-Water as a Human Right?

-Notasperiodísticas.

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