VIVIENDO COMO PERROS

MIRADOR... SALVADOR ECHEAGARAY

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Salvador Echeagaray

Hubo en la antigua Grecia un grupo de personas a las que llamaban “los cínicos”. No les llamaban así porque tuvieran la sonrisa de Javier Duarte o la de algunos delincuentes cuando los atrapan y salen en la televisión. Así les decían porque cínico proviene del griego kinicós, que significa perro.

Así, se les quedó el apodo, porque para muchos de los seguidores de esta corriente filosófica, el ideal de vida a la que había que seguir era precisamente la del perro. Sí, obvio, la del perro callejero que se contenta con lo que puede comer, que se siente querido cuando alguien le da una caricia. Pero, también, así como el perro hace de todo en la calle, no estaban exentos los cínicos de hacer sus necesidades fisiológicas delante de todo el mundo.

Se cuenta que Diógenes, un famoso cínico vivía en un tonel. Es famosa la anécdota de que Alejandro Magno al saber de la fama de Diógenes, se acercó a él y le dijo: –Pídeme lo que quieras-, a lo que Diógenes contestó: –Sí, que te hagas a un lado, me estás tapando el sol-.

Así que estos eran los cínicos, los perros. La pregunta que aquí cabe es si estos cínicos tienen que ver algo con los cínicos de nuestra política mexicana, que roban a manos llenas, que se enriquecen groseramente con el dinero del pueblo trabajador, que hacen de la tranza una ley y un axioma ya que, según ellos, el que no es tranza no avanza.

 

No. Los antiguos cínicos, es decir los perros, se quedan en simples cachorritos al lado de estos cínicos postmodernos. Y el cinismo les queda corto. ¿Esa risa de Duarte, después de ser detenido como presunto culpable de haber desviado más de cinco mil millones de pesos de las arcas de su estado Veracruz, no es de cinismo?… ¡Es de la peor desfachatez! Es burlarse de los veracruzanos, de todos los mexicanos. Es saber que no le va a pasar nada. Es la certeza de que su encarcelamiento y su extradición a México, es parte de la comedia que tiene que representar, ya que tarde o temprano será exonerado de sus cargos y seguirá disfrutando de la inmensa fortuna que tiene.

También, el motivo de su cinismo se puede deber a que con una sonrisa simpática quiere llamar a la misericordia de su otrora engañado y burlado pueblo. Total, los mexicanos somos tan buenas gentes, que todo lo perdonamos. Además, este país es tan rico, que da para que la mayoría de los políticos se siga enriqueciendo a costa de las familias que hacen grandes esfuerzos para comer, para pagar la renta, para transportarse, para, en fin… para sobrevivir.

Así, que nos perdonen aquellos cínicos griegos, los que vivían realmente como perros, no los que tienen a su pueblo viviendo como perros.

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