UN LUGAR PARA DELEITAR

CRÓNICAS DE MANÉ... MARIANNÉ VILLACORTA C.

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Colores que hipnotizan y olores que enamoran.

Así es como comienza un día en el Mercado de Abastos, ya son casi las 5 de la mañana, y todos los trabajadores comienzan a alinear su mercancía en los pequeños y grandes puestos que conforman a esta que se podría llamar “gran comunidad”.

Cómo describir olores tan definidos, el perejil fresco, recién puesto en las mesas de madera, las manzanas rojizas que asemejan al más puro color del amor, ese escalofrío que da apenas poner un pie en ese infinito pasillo lleno de puestos atiborrados de gente. Tal vez debido a la frescura que manejan todos esos alimentos ahí expuestos o quizás sólo es la intriga por conocer qué se puede encontrar. Esa es la sensación al entrar por vez primera a este tan conocido espacio de Guadalajara.

Impresionante es la combinación de colores que brotan por todos lados, a simple vista un lugar desordenado, ruidoso, sucio.

En realidad, un sitio que narra historias, que crea lazos, mantiene familias, y más que nada un lugar lleno de tradición. Y eso aún sin tocar el tema de la diferencia de precios que son casi el cuarenta por ciento más bajos. Por poner un ejemplo, el kilo de manzana gala que en cualquier súper “de renombre” sale 56 pesos, acá te sale a 30. Un kilo de limones que en Abastos encuentras en 12 pesos, en un lugar un poco más refinado, por así decirlo, lo encontraras en 29.90. Tan sólo con estos dos ejemplos ya se pueden empezar a imaginar qué pasaría con la cuenta total. Más frescura, mejor sabor y un precio mucho más accesible.

Con todas estas ventajas, no entiendo aún por qué muchas personas detestan ir al Mercado de Abastos. Es muy probable que estén influidas por habladurías o pseudo noticias que se esparcen; quizá es gente que no ha tenido la oportunidad de vivir la verdadera experiencia de comprar de lo bueno, lo mejor.

En cambio, para otros el Mercado de Abastos representa la meta del día a día. Las personas que ahí trabajan, cada una tiene una historia que contar, ahí encontramos desde campesinos que llevan sus productos hasta grandes y pequeños distribuidores. Muchos negocios son verdaderamente grandes, de familias adineradas en Guadalajara. En Tijuana y en la Ciudad de México también se han desarrollado las hermandades de mercados que llevan el mismo nombre.

Guadalajara es famosa por sus modernos centros comerciales, eso ni quién lo discuta, pero los mercados tradicionales y en especial éste de Abastos, tienen algo único y es la pasión con la que cada vendedor intenta colocar sus productos. Lo que se ve ahí no son simples empleados vendiendo frutas, verduras o carne; lo que te encuentras son seres humanos que intentan –y casi siempre logran– seducir con la mirada, endulzar con el oído, cautivar con los ojos y finalmente lograr que lleves contigo un kilo de alguno de esos agraciados productos.

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