UBER MUESTRA EL COBRE

DEL EDITOR… ALFREDO ARNOLD MORALES

0
77
Alfredo Arnold Morales

Advierto que desde su llegada a Guadalajara he sido un fan de Uber. El desgaste de los cartílagos de mis rodillas y caderas me limitan para conducir automóvil, para subir el primer escalón de los camiones y mucho más para caminar distancias regulares. Por lo tanto, desde hace dos años y contra toda la oposición de mi bolsillo, me convertí en usuario frecuente del taxi.

No niego que hay taxistas muy aplicados en su trabajo; dan buen servicio, son atentos y cobran lo justo, pero igual me eran frecuentes las experiencias desagradables, por ejemplo, que no se detuvieran cuando les hacía la parada, que el interior de sus vehículos fuera un desastre o, lo más común, que se despacharan con la cuchara grande a la hora de cobrar: 130 pesos del centro al estadio Tres de Marzo, 80 pesos de Andares a la Basílica de Zapopan, 50 pesos del Parque Metropolitano a Galerías, 350 pesos al aeropuerto… y así por el estilo.

La llegada de Uber fue maravillosa: barato, carros nuevos, choferes atentos, pedidos por teléfono y hasta pago con tarjeta.

Uber logró vencer la oposición que presentaron las centrales obreras y los propios taxistas, y el Congreso del Estado autorizó su operación, si bien dejó muchos cabos sueltos.

Pero al paso de los días, Uber comienza a enseñar el cobre. Tal vez se deba a que ha crecido descomunalmente y sin control. Sus propios choferes entraron en competencia, deteriorando el servicio en lugar de mejorarlo, y todo en perjuicio del usuario.

A continuación, mis observaciones:

1)Subieron las tarifas. Ya es 40% más caro el Uber que el taxi, sobre todo en distancias cortas.

2) Situaciones de locura. El viernes 19 de mayo, el sábado e incluso el domingo de ese fin de semana, el precio de un servicio de cinco cuadras –¡sí, cinco cuadras!– estaba en 68, pesos, con el pretexto de que había “elevada demanda”.

3) Caos al solicitarlos. Esto me ocurre casi todos los días: solicito el servicio y me enlazan con “x” vehículo que llegará en 7 minutos; pasa un tiempo y me aparece que llegará en 12 minutos; luego, que llegará en 14 minutos. Y por fin, en 5 minutos, pero ya han pasado más de 20 y si cancelo me cobrarán el importe en el próximo servicio, aunque no haya hecho ningún viaje.

4) Me dejan plantado. A veces me armo de paciencia y espero bastante tiempo, pero resulta que el primero que tomó mi solicitud la abandona y me conecta con otro, y ese otro también ignora mi solicitud. Como que se van pasando la bolita y uno se queda esperando hasta que algún conductor por fin se decide a dar el servicio (en descargo de los choferes, algunos me han comentado que este error es atribuible a la plataforma digital, no a ellos).

5) Desubicados. Con gran frecuencia, el GPS no les da la ubicación real del inicio del viaje. Se detienen una cuadra antes o se pasan del sitio donde los estás esperando.

6) Ruleteros. Algunos conductores de Uber recogen pasaje como si fueran taxis y lo que cobran en estos viajes no lo reportan, va directamente a sus bolsillos. Algunos son más atrevidos: han colocado lámparas de luz roja en el visor del lado derecho y funcionan ni más ni menos que como taxis convencionales, esto sí, de manera completamente ilegal.

En fin, lo que comenzó muy bien y se consolidó a pesar de la oposición del gremio de los taxistas, comienza a echarse a perder por culpa de errores y trampas del elemento humano.

Sigo usando tanto taxis amarillos como Uber y puedo asegurarle a usted, amable lector, que los primeros han ido mejorando y los segundos están retrocediendo, aunque todavía le pongo a la mayoría de conductores la calificación de 5 estrellas.

Dejar respuesta