TRUMP, ZARAGOZA Y EL CINCO DE MAYO

DEL EDITOR... ALFREDO ARNOLD MORALES chivaemplumada@hotmail.com

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Alfredo Arnold Morales

El presidente norteamericano rompió una racha de 16 años de celebraciones de la Batalla de Puebla en la Casa Blanca.

Como todo lo que viene del magnate-presidente, este hecho fue acremente criticado por los medios nacionales. Es una nueva afrenta y una prueba más de la fobia que le tiene a México, dijeron.“La decisión de la Casa Blanca de renunciar a la celebración del Cinco de Mayo es otra bofetada para muchos mexicoamericanos y latinos. En vez de abrazar la herencia multicultural de nuestra nación, estamos profundizando las divisiones, y no buscando un terreno común”, afirmó Félix Sánchez, presidente de la Fundación Nacional Hispana para las Artes, de Los Ángeles, California.

Creo que exageran. La Batalla de Puebla es un pasaje heroico ocurrido en el convulso siglo XIX deMéxico y no tendría por qué ser conmemorado por la Casa Blanca, más que por alguna razón diplomática o de simpatía personal a nuestro país, tal como ocurrió cuando el presidente George W. Bush inició esta tradición en su primer año de gobierno. Al respecto, es preciso recordar que Bush fue gobernador de Texas, donde radica una numerosa población de origen mexicano; su esposa Laura es de origen mexicano; y su padre, que también fue presidente, fue el iniciador del TLC, en fin, tenía motivos para iniciar esta celebración. Trump no los tiene.

Históricamente, la Batalla de Puebla ocurrió el 5 de mayo de 1862 cuando el general Ignacio Zaragoza impidió el avance del ejército invasor francés. “Las armas nacionales se han cubierto de gloria”, escribiría Zaragoza al presidente Juárez. Pero fue una victoria efímera porque los franceses no se fueron, sólo se replegaron y meses después, en un nuevo intento, avanzaron hasta la ciudad de México y más tarde proclamarían el Segundo Imperio Mexicano con Maximiliano de Habsburgo al frente.

Para Zaragoza las cosas fueron aún peor. Casi al mismo tiempo de la célebre Batalla de Puebla falleció su esposa, y sólo cuatro meses después de que las armas nacionales se cubrieron de gloria, el héroe Ignacio Zaragoza murió en circunstancias muy raras, en la ciudad de México.

Ignacio Zaragoza nació en Texas, aunque sus padres se mudaron después a Monterrey. Fue un destacado militar liberal en la Guerra de Reforma y Juárez lo nombró Secretario de Guerra. La Batalla de Puebla lo inmortalizó en la Historia de México, pero poco se habla de su trágico final.

Para Estados Unidos resulta cómodo festejar el 5 de mayo por varias razones: el héroe Zaragoza era texano, literalmente norteamericano; la derrota de los franceses era muy importante para el gobierno de los Estados Unidos, puesto que lo que menos le convenía era tener de vecino al poderoso ejército francés que apuntalaba los planes expansionistas de Napoleón III, y en tercer lugar, porque no cae mal tener un festejo que lo acerca a la numerosa comunidad de origen mexicano que radica en ese país.

Clinton y Obama siguieron la tradición. El año pasado, el grupo tapatío Maná amenizó la fiesta en la Casa Blanca. Hoy, Trumpno canceló totalmente el festejo, simplemente lo hizo más austero y designó al vicepresidente Mike Pence a que lo encabezara. No se trata de una declaración de guerra, tan sólo un hecho congruente con el estilo del nuevo presidente norteamericano.

Ahora, a esperar el 15 de septiembre a ver cómo “celebra” la ceremonia del Grito.

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