TRES HISTORIAS DE ESPÍAS

DEL EDITOR… ALFREDO ARNOLD MORALES

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Alfredo Arnold Morales

Advierto, y doy mi palabra de periodista, que prefiero que me espíe el gobierno a que me espíe mi esposa. Pero, en fin, el tema está de moda y voy a relatar tres episodios de espionaje que viví muy de cerca. Son historias al revés, los espías éramos los periodistas y el espiado era el gobierno:

EL DIARIO de Guadalajara, 1971.- Eran tiempos de absoluta disciplina política, pero aquellos reporteros era lo menos que teníamos. Una tarde llegó don Benjamín Preciado con la noticia: “¡Ya sé quién es el tapado!” (el tapado era el candidato del PRI a la gubernatura; obvio, el próximo seguro gobernador, pero estaba implícitamente prohibido mencionarlo). Fuimos con don Jaime y contra toda ortodoxia periodística, nuestro director aceptó publicarlo. La cabeza principal del día siguiente decía: “Guzmán Orozco, próximo gobernador”. Reynaldo Guzmán Orozco era secretario de Salud, pero no era el tapado. La confusión fue mayúscula, recibimos llamadas hasta del Presidente, pero de algo sirvió porque el PRI se apresuró a destapar al candidato bueno y, por parte de El Diario, la cabeza principal del día siguiente rectificaba: “Orozco Romero, porque el pueblo lo pide”.

NOROESTE Mazatlán, 1980.- El estado esperaba impaciente el destape. De México nos llamó una empleada de la Secretaría de la Reforma Agraria, nos avisaba confidencialmente que Antonio Toledo Corro acababa de dictar su carta de renuncia. Al día siguiente lo destapamos en las portadas de Mazatlán y Culiacán. Pero no pasó nada, transcurrieron dos largos días y don Antonio seguía despachando en la SRA. El director de nuestra competencia era compadre de Toledo y nos desmintió terriblemente. Parecía otra pifia de nuestros “espías”, hasta que,por fin, al tercer día, Jacobo Zabludovsky cerró su noticiero con la nota que anhelábamos oír: Antonio Toledo presentó su renuncia para postularse como candidato a… etcétera. ¡Fiu!

EL SOL DE PACÍFICO, Mazatlán, 1986.-  El ambiente político era un hervidero porque aún no había destape. Mis dos mejores reporteros tenían varios días haciendo labor de inteligencia hasta que obtuvieron la información confidencial de “una fuente totalmente confiable”. Yo mismo dicté la cabeza: “EME, próximo gobernador”. EME era el senador Ernesto Millán Escalante. Esa misma noche fui a cenar con José Ángel Pescador y nuestras esposas. El tema saltó a la mesa, y muy alarmado me sacó del error. El candidato ya “palomeado” en Los Pinos era Francisco Labastida. Dejé el plato servido para volar rumbo al periódico, eran cerca de las doce de la noche y afortunadamente alcancé a sustituir la nota de la portada. Al día siguiente, en la edición vespertina de Noticias de El Sol, publicamos en exclusiva el destape de Labastida. ¡Por un pelito me volví a salvar!

No crea usted que es fácil ser espía. Claro, en aquellos tiempos la tecnología era muy limitada y había que confiar en las filtraciones “de muy buena fuente”.

Si me espía o no el gobierno, me atengo a lo que le digo a mi esposa cuando me registra las bolsas del pantalón, la cartera, el pañuelo, las llamadas, fotos, mensajes y whatsapps en el celular: el que nada debe, nada teme.

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