TRANSMISIÓN DE LA BANDA PRESIDENCIAL

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Los cinco meses que transcurren entre la elección presidencial y la transmisión del Poder Ejecutivo federal en nuestro país es un tema que, desde hace muchos años, se ha cuestionado. Para un sector de la población se trata de un lapso conveniente para que el gobierno electo reciba del presidente saliente y su gabinete toda la información necesaria para que el cambio se dé sin sobresaltos. Otro sector, en cambio, considera que es demasiado tiempo y se debilita la gobernabilidad ya que los reflectores se concentran en el futuro mandatario a pesar de que éste aún no detenta el poder y se pierde de vista la administración que aún está vigente.

Las transiciones presidenciales, en general, no han sido precisamente tersas, ni siquiera cuando el presidente saliente y el entrante pertenecían al mismo partido. Luis Echeverría rompió con Díaz Ordaz, al que se refería como “emisario del pasado”. Los últimos meses de Echeverría en el poder transcurrieron en medio de una profunda crisis y enojo empresarial. López Portillo nacionalizó la banca tres meses antes de que Miguel de la Madrid asumiera el poder. La entrega-recepción de Carlos Salinas de Gortari a Ernesto Zedillo fue traumática. La transmisión de la Banda presidencial de Vicente Fox a Felipe Calderón ocurrió en condiciones insólitas. Hubo un tiempo en que los mexicanos esperaban con temor e incertidumbre el cambio de gobierno, que por diversos motivos iba acompañado de problemas económicos como una elevada inflación, devaluación, fuga de capitales y de dólares, entre otros.

Un elemento que influye en los acontecimientos de la transición es la apertura de la nueva Legislatura, la cual ocurre precisamente tres meses antes de la entrada del nuevo Presidente de la República y coincide con la presentación del último Informe de Gobierno del mandatario saliente.

Una de las tareas inmediatas con la que se estrena la Cámara de Diputados es la elaboración y aprobación del Presupuesto para el siguiente año. Así mismo, si el partido del Presidente electo cuenta con la mayoría en las cámaras, éstas tienen la facilidad de hacer reformas legales en la dirección que apunta el ya inminente jefe de la nación.

De igual forma, el nuevo Congreso podría bloquear con tres meses de anticipación las iniciativas del Presidente electo, si éste no pertenece al partido dominante.

El juego de la sucesión presidencial es muy interesante, incluso puede incidir en el rumbo que tome la nación aun antes de que el nuevo Presidente se instale en Palacio.

Afortunadamente, y a pesar de las dudas que había al respecto, hoy estamos asistiendo a una transición inédita, en la que el gobierno saliente no sólo brinda información al equipo entrante, sino que además lo invita a participar en asuntos de Estado de enorme importancia. Un ejemplo de ello es la inclusión de Andrés Manuel López Obrador en la renegociación del TLCAN con Estados Unidos y Canadá.

El Gobierno que preside Enrique Peña Nieto, y que por supuesto está en funciones, ha propiciado un clima favorable para que el ganador de las elecciones del pasado 1 de julio haga anuncios sobre quiénes serán los integrantes de su gabinete y para que adelante con claridad algunas de las acciones que tomará a partir del próximo día primero de diciembre.

Lo anterior significa un gran cambio cualitativo en el desempeño de la función pública y un avance en el ejercicio de la democracia mexicana. Esperemos que el proceso de transición se siga desarrollando con fluidez para que el cambio de la Banda presidencial y las acciones posteriores se den en completo orden y normalidad.

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