¿SERÁ EL PRI UNA OPOSICIÓN DE UTILERÍA?

POR IVONNE MELGAR

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Excélsior / Aunque los desahuciados siempre tienen la esperanza del milagro, el diagnóstico de la muerte del PRI se manifiesta brutal.

No se trata sólo de la declarada desaparición del partidazo del viejo régimen, en voz de Ivonne Ortega, la candidata a la dirigencia priista que fue burdamente humillada por los nuevos administradores del logo.

La renuncia de la exgobernadora denota la incapacidad del PRI para frenar la diáspora y la descomposición y conlleva el mal augurio de que ese partido se encamina a la extinción.

Es una advertencia que se sustenta en la idea de que Alejandro “Alito” Moreno, exgobernador de Campeche, quien ya tomó las riendas del PRI, será una oposición a modo.

El riesgo de una cúpula priista sometida a Palacio Nacional se ventiló hace dos meses, con la renuncia de José Narro Robles a competir por una dirigencia que, advirtió, resultaría de una grosera intervención del gobierno.

La versión se diseminó entre los priistas: Alito era el candidato del expresidente Peña y de unos obsequiosos gobernadores que le habían pedido el visto bueno al presidente López Obrador.

Sólo el tiempo podrá confirmar o desmentir las alertas de Ivonne Ortega y Narro Robles sobre una dirigencia de utilería.

Lo que ya sabemos es que el expresidente Peña no tiene en la nueva administración del PRI una defensa.

Por el contrario, en sus declaraciones sobre la detención de la exsecretaria Rosario Robles, por el presunto ejercicio indebido de la función pública, Alejandro Moreno afirmó que no va a defender a nadie y que cada quien deberá rendir las cuentas que la justicia le reclame.

Ese deslinde es el inicio de la extinción y confirma el repliegue del PRI, que –con excepción de voces aisladas, como la de la diputada Dulce María Sauri– ni siquiera se atreve a cuestionar la violación al debido proceso de la exsecretaria peñista.

De imponerse esta tendencia en las bancadas priistas, asistiríamos al entierro del rol de contrapeso del Congreso, una tarea necesaria para frenar iniciativas encaminadas a la concentración de poder del Presidente de la República o a situaciones regresivas como la reelección disfrazada en Baja California o la mutilación convenenciera del árbitro electoral.

Ya en la Cámara de Diputados, legisladores como Rubén Moreira, esposo de la nueva secretaria general del PRI, Carolina Viggiano, inclinaron la balanza a favor de la revocación de mandato que llevaría al presidente López Obrador a la boleta de 2021.

Sin embargo, en el Senado esa iniciativa de revocación se condicionó a un cambio de fecha y sigue frenada, porque el coordinador de la fracción priista, Miguel Osorio Chong, cerró filas con sus compañeros del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

Ese bloque opositor logró contener hasta ahora la consulta que, con la imagen del Presidente en la campaña, rompería la equidad en las elecciones para renovar el Congreso.

Sabemos que el senador Osorio ya hizo un acuerdo con el nuevo dirigente del PRI: conservará la coordinación y se mantendrá en el dique opositor.

En los hechos, el éxito del liderazgo parlamentario del exsecretario de Gobernación no depende sólo del pacto con Alito.

La suerte de Osorio estará determinada por la firmeza de los senadores priistas –destacan personajes como Beatriz Paredes, Manuel Añorve, Vanessa Rubio– y de los legisladores del PAN, el único partido que puede hoy vertebrar a la oposición.

Pero también los gobernadores panistas y la dirigencia de Marko Cortés están a prueba en la capacidad de cohesionarse en una estrategia con tiros de precisión, como ya lo hacen en el Senado el coordinador Mauricio Kuri y Damián Zepeda, en una bancada donde destacan políticos como Josefina Vázquez, Gustavo Madero, Kenia López, Xóchitl Gálvez, Víctor Fuentes y Antonio Martín del Campo.

A estas futuras definiciones habrá de sumarse en lo que resta de 2019 la reaparición en la vida pública, primero en el plano académico, de Ricardo Anaya, excandidato presidencial panista, que participará en el diplomado de la UNAM “Política mexicana contemporánea”, y cuyo perfil le resulta necesario a un PAN que no ha sabido reaccionar en los tiempos de la 4T.

Si los azules saben superar sus errores y divisiones, podrán ser vértice de otras iniciativas que, como Futuro 21, busca sumar organizaciones sociales a lo que queda del PRD y a expriistas como Narro Robles.

Esos hipotéticos movimientos de una oposición despabilada dependen de la sobrevivencia legislativa del moribundo PRI.

Porque, como nos lo confesó un legislador panista, “si los priistas se agachan y perdemos el poder de veto de los 43 senadores, ya no tendremos nada qué hacer el resto del sexenio”.

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