SEGUIR LA HUELLA

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

RAMÓN DURÓN RUIZ (1950-2015)

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Hay un viejo cuento que hoy comparto con usted:

“Un adulto mayor, decidió ir en pos del sueño de su vida: conquistar la montaña nevada más alta de su país. Durante varios meses se preparó emocional y físicamente. Cuando llegó el día en que se disponía a emprender su meta, se acercó su hijo diciéndole: Papá, sé a dónde vas, he visto cómo te preparas, quiero acompañarte.

“Ambos partieron a la base de la montaña nevada para emprender el ascenso. El padre inició velozmente la conquista de su sueño; era tal su deseo de llegar a la cima, que cada obstáculo, en lugar de debilitarlo lo impulsaba a seguir adelante. Una vez lograda la cima, llegó a él una reconfortante paz y una indescriptible satisfacción.

“De pronto se percató de la ausencia de su hijo, rápidamente regresó entre tropiezos y tumbos. A la mitad de la montaña encontró a su hijo exhausto y tirado sobre la nieve. El padre lo abrazó y le dijo: Hijo, estaba preocupado, pensé que habrías perdido el camino.

El hijo, mirándolo a los ojos respondió:No tengo problemas papá… ¡voy siguiendo tu huella!”.

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Cuando con un gesto de humildad eres capaz de seguir la huella de tus padres y de tus abuelos, caminarás al encuentro con la grandeza para la que fuiste creado.Si eres inteligente, te instruirás en las lecciones de amor y sabiduría que a cada paso del camino siembran los abuelos; aprenderás desde las cosas aparentemente nimias como las sonrisas de los niños, pasando por el dolor de la madre soltera, hasta de la crisis del enfermo terminal. En el juego de la vida cada movimiento tiene una enseñanza para ti.

Los abuelos llenos de la ciencia, esa que se adquiere por la experiencia de la vida, saben que “no hay caminos sin piedras”; para ellos la vida de principio a fin es una escuela de sano aprendizaje, en donde las dificultades y los tropiezos, más que problemas, son lecciones para que enriquezcas tu evolución y crecimiento personal.

Los abuelos saben que la felicidad no es un puerto, sino una forma diaria de navegar. Para ellos, ser felices los conecta con la fuente de la vida, con su salud integral, será porque saben que la felicidad equilibra y armoniza los sentidos.

Nuestros viejos saben que cada nuevo amanecer, Dios tiene un plan amorosamente enorme para ti. Por eso, confía en que lo mejor está por venir, ellos te invitan a que arrojes la carga de dolores y pesares a un lado del camino, cediéndole al Señor tus problemas, dejándolos en sus manos que Él, como médico divino, te sanará.

Los abuelos te recuerdan lo excepcional que eres. Hoy en un acto de humildad, si tienes abuelos o tuviste la dicha de conocerlos, da gracias a Dios por el milagro de su presencia. Recuerda que dar gracias enriquece recíprocamente tanto a quien las da como a quien las recibe, llevándote a experimentar una armonía con el universo y una paz interior excepcional.

Ellos que son un libro amorosamente abierto, te recuerdan que el miedo es una cortina de humo de tu ego, que la ausencia del amor, afecta, debilita, desequilibra tu energía vital. Hoy, date permiso de que la energía del amor fluya por tu torrente sanguíneo.

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Lo del amor me recuerda la ocasión en la que el viejo Filósofo tomaba plácidamente café en el porche de su casa, acompañado de su vieja; ésta, tratando de poner en juego la agilidad mental del viejo campesino, le dijo:

–– Muchos te buscan quesque porque eres muy ingenioso: a ver si eres tan ‘ingón, dime algo que me haga sentir feliz y encabritada al mismo tiempo.

El Filósofo mirándola a los ojos –que son la puerta del alma-, le dijo:

–– Eres la mujer que hace el sexo más maravilloso… ¡entre todas tus amigas!

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