¿SE PUEDE CANCELAR LA REFORMA EDUCATIVA?

DEL EDITOR… ALFREDO ARNOLD MORALES

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La pretensión de echar abajo la Reforma Educativa, si gana la elección presidencial el próximo 1 de julio, es en realidad sólo un discurso político de Andrés Manuel López Obrador, es sólo un tema conceptual, ya que la educación pública en su nivel básico no ha sido reformada en México. Se aprobaron leyes, se crearon instituciones, es verdad, pero los niños que asisten a primarias y secundarias públicas siguen estudiando las mismas materias, con los mismos maestros y sistemas de hace años y son evaluados con las herramientas de antaño: los clásicos exámenes que privilegian la memorización –el macheteo—en lugar de la comprensión.

López Obrador no puede eliminar la Reforma Educativa porque esta, simple y sencillamente, aún no se ha implementado. Lo que sí puede eliminar, previa aprobación del Congreso federal y de las legislaturas estatales, son las bases de la reforma y las instituciones que fueron creadas para el cambio educativo, lo cual está “en chino”.

El aterrizaje de la reforma, por así decirlo, va a ocurrir cuando se implemente el Nuevo Sistema Educativo y tal acción está programada para el ciclo escolar 2018-2019 que inicia dentro de cuatro meses.

La Educativa fue una de las Reformas Estructurales que surgieron del Pacto por México al que convocó el entonces Presidente electo Enrique Peña Nieto. El diciembre de 2012 fue aprobada por el Congreso, y en febrero del 2013, promulgada y publicada en el Diario Oficial de la Federación. En septiembre de 2013 se crearon las tres leyes que constituyen el eje de la reforma: 1) La nueva Ley de Educación, 2) Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y 3) Ley General del Servicio Profesional Docente.

Acto seguido, se produjo la reacción por parte de los grupos inconformes; oleadas de hechos violentos por parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en los estados de Oaxaca, Guerrero y Michoacán principalmente. Fueron días aciagos, en los que miles de estudiantes se quedaron sin clases por meses enteros a causa del ausentismo magisterial. Mientras tanto, el sindicato oficial, el SNTE, permaneció a la expectativa después de que fue arrestada su líder Elba Esther Gordillo. Poco a poco se apaciguó la situación, la mayoría de los maestros se convenció de los beneficios de la reforma y fue quedando el campo propicio para que floreciera el anhelado cambio.

La expectativa era mayúscula. Recuerdo que el senador Juan Carlos Romero Hicks, en una entrevista, me habló sobre la posibilidad de abordar la reforma para la educación superior una vez que estuviera debidamente implementada la Reforma Educativa. Lamentablemente, el Gobierno se ha tardado bastante en implementarla. Eso sí se le puede reprochar a las autoridades: su lentitud.

¿Qué podría cancelar López Obrador, si aún no se pone en marcha el Nuevo Sistema Educativo?

Sería lamentable que la Reforma Educativa se tirara a la basura después de tantos años que la educación ha permanecido estancada en el país y de los obstáculos que se derribaron para aprobar el cambio.

Más allá de los intereses políticos y del candidato que gane la Presidencia el próximo 1 de julio, la mejor opción no es tumbar la reforma, sino acelerarla. Cuando funcionen las escuelas de tiempo completo, cuando los niños dejen de consumir comida chatarra, hablen inglés,programen sus computadoras; cuando elevemos el nivel de lectura y de matemáticas de los estudiantes mexicanos, entonces podremos decir que la educación avanza. Antes, no. Y si se destruye lo que ya se ha avanzado, entonces menos.

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