¿QUIÉN ES EL BUENO?

MIRADOR... SALVADOR ECHEAGARAY

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Prácticamente ya comenzaron las campañas. Ya se siente renacer en muchos de los mexicanos el analista político que llevamos dentro. Opinamos según nuestra estructura mental: nuestras vivencias, lo que nos inculcaron desde niños, las filias y las fobias que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años, lo que hemos aprendido en las aulas, lo que hemos visto en los medios de comunicación, lo que ha resultado de las experiencias adquiridas.

“Que los cambios no siempre son buenos”. “Que ahora sí va a ganar López Obrador, pero algorítmicamente le van a dar el triunfo a Meade”. “Que si este último va a ser favorecido por el voto duro del PRI”. “Que si Anaya no va a tener el punch para levantar la alianza”. “Quesi Margarita no va a alcanzar nada y El Bronco sí”, etcétera, etcétera, etcétera.

Muchos ya somos “expertos” en análisis político. Se sube uno a un taxi y el chofer le da un panorama de la política local; le pregunta uno al intendente de cualquier edificio y también, tiene su punto de vista; el ama de casa también y hasta los jovencitos ya son “máster” en ciencia política.

Pero, como al final de cuentas somos “hombre masa”, como definió José Ortega y Gasset al hombre moderno, tendemos a generalizar las opiniones. La mayoría coincide en que los políticos “todos son corruptos, todos son iguales”. “Gane quien gane, van a seguir robando”. “Nomás agarran el poder y se olvidan del pueblo que los eligió”. “Sóolo velan por sus propios intereses y los del partido que los cobija”, ectétera.

Sin embargo, aquí encaja el adagio de Vox populi vox Dei, no se puede generalizar. ¿Qué de plano estamos tan degradados socialmente que no pueda haber políticos decentes que verdaderamente busquen el bien común? ¿No cree usted amable lector o lectora, que hay individuos que participen de las lides políticas con tengan honestas intenciones de servicio y entrega al pueblo que los eligió?

Está difícil, pero los debe de haber. No creo que como sociedad hayamos perdido todos los valores ciudadanos al nivel de que no podamos encontrar políticos que velen por el bien común. Y aún, si no fuera esto posible, un axioma ético dice que “si hay que elegir entre dos males, elijamos el mal menor”. Tal parece que ésta será la máxima a seguir en las próximas elecciones: votar por el menos malo.

¿Y quién es el menos malo? Pues hay que analizar la actuación privada y pública de cada aspirante; su trayectoria política, sus alianzas, sus simpatías o antipatías por tal o cual postura o ideología política. También, hay que ver la trayectoria del partido que lo postula, qué ha propuesto, qué ha hecho bueno cuando ha gobernado.

Es importante todo esto, porque un debate público lo puede ganar el más astuto, pero no el mejor intencionado.

Así que, sigamos pendientes de cómo se gestan estas elecciones para presidente de la república este 2018, a fin de votar por la mejor opción, o por la menos mala, dependiendo de la percepción, intuición, filias y fobias de cada quien. Qué gane México, eso es todo.

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