¿QUÉ SIGUE DESPUÉS DEL FRACASO PETROLERO?

DEL EDITOR

ALFREDO ARNOLD MORALES
chivaemplumada@hotmail.com

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ESPECIAL. Complejo Procesador de Gas Cactus en Chiapas

Se cumplieron recientemente 79 años de la expropiación petrolera, decretada valientemente por el presidente Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938, después de que las compañías extranjeras que extraían el crudo del subsuelo mexicano se pusieron de acuerdo para ignorar un laudo a favor de los trabajadores sindicalizados y de que en una segunda instancia la Suprema Corte ratificó el veredicto de los tribunales laborales.Fue valiente la decisión presidencial porque se enfrentaba a intereses de potencias extranjeras como Estados Unidos e Inglaterra y porque México no estaba preparado, no contaba con los recursos materiales ni humanos para hacerse cargo de la extracción, refinación, venta y embarque del petróleo. Sin embargo, a pesar de las dificultades iniciales, la industria logró salir adelante, a tal punto que cuatro décadas más tarde Pemex era una de las empresas petroleras más importantes del mundo y los ingresos derivados del sector energético eran imprescindibles para mover el progreso y sostener la cada vez más obesa burocracia del país.

Hoy, no podemos menos que mirar con nostalgia la enorme riqueza que se dilapidó en el camino. ¿De qué sirvió extraer millones de millones de barriles de petróleo y obtener billones de dólares por su venta, si hay en México más de 50 millones de personas que viven en la pobreza? Es curioso que las capitales más desarrolladas del país, como la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Querétaro y otras, no hayan tenido que ver nada con el petróleo; en cambio, en los emporios petroleros aún se concentra la pobreza y la corrupción. ¿Por qué será?…

Vuelta a la página: el escenario de 2017 nos presenta a un México petrolero virtualmente reprivatizado, aunque la rectoría de esta industria la sigue teniendo el Estado. Pemex está en una nueva situación, es una empresa más acotada y aspira a crecer para competir con otras de cualquier parte del mundo, sólo que ahora ya no es un monopolio, sino que jugará en igualdad de circunstancias en un mercado internacional en crisis y además conserva las principales ataduras que en el pasado le impidieron desarrollarse sanamente: un abusivo sindicalismo, la obsolescencia de sus instalaciones y el terrible régimen fiscal a que la tiene sometida el gobierno.

Por otro lado, el país comienza a mirar hacia otro horizonte, el de la energía renovable. Estamos llegando con más de 20 años de retraso, pero finalmente ya hay legislación, estructuras, programas y metas para incursionar en la generación de electricidad de fuentes “limpias” como la solar, eólica, hídrica, etcétera.

Jalisco es uno de los estados líderes en generación de energía sustentable. Ya pintan en las cifras de producción algunos proyectos, como el de Ojuelos, donde cuentan con 23 torres eólicas, o la política de sustituir el parque vehicular del gobierno estatal con motores híbridos. Si Jalisco aprovechara tan sólo el 12 por ciento de su potencial generador de energía sustentable, tendría abasto asegurado para más de 40 años. Así de grande es la ventana de oportunidad.
En la actualidad, la energía renovable representa el 25 por ciento de la producción energética total del país, la meta para el 2024 es llegar al 35 por ciento.

Y la mejor noticia es que el gobierno está invitando a la iniciativa privada a sumarse a esta estrategia nacional. Se aprendió del fracaso petrolero, reconoció el gobierno que fue un pésimo administrador. Ojalá que, ahora sí, el potencial energético que tiene el país sea un factor detonador del desarrollo y comience a sacar a millones de mexicanos de la pobreza.

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