Popularidad presidencial

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La lectura de los primeros 100 días de gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador puede ser tan disímbola como personas haya que intenten escudriñar esos poco más de tres meses transcurridos desde el inicio del sexenio de la llamada Cuarta Transformación.

Pero, lo que es un hecho incuestionable, es que la popularidad del Presidente sigue intacta, o mejor aún, sigue creciendo.

De acuerdo a una encuesta de Consulta Mitofsky, la popularidad (nivel de aceptación entre los ciudadanos) de López Obrador incrementó 4.5 puntos porcentuales de noviembre del 2018 a febrero del 2019. Con ello, la popularidad de Presidente de colocó en niveles históricos de 67%, en tanto que otras encuestadoras, como Parametría, registran un nivel de 86%. En cualquier caso, es algo fenomenal.

Para muchos analistas políticos, el porcentaje de tan elevada aceptación de que goza el Presidente es una sorpresa que no correspondería a las difíciles situaciones de las que no se ha salvado, por ejemplo, el desabasto de gasolina, la trágica explosión de un ducto en Tlahuelilpan, el descenso en las proyecciones de crecimiento económico y de la calificación crediticia de Pemex, los cierres y despidos en dependencias públicas federales, la cancelación del subsidio a guarderías y la violencia que no cesa de generar diariamente historias de muerte. Aun así, la aceptación popular del Presidente es elevadísima.

Lo anterior es un claro indicio de que la población de México sigue dividida y que persisten las causas que le dieron a López Obrador un contundente triunfo en las elecciones del 2 de julio del año pasado, principalmente dos asuntos picaban como aguijones a la mayoría: 1) La pobreza generalizada y 2) El rechazo a la clase dirigente. A pesar de las buenas intenciones expresadas una y otra vez por López Obrador, luchar contra la pobreza y desterrar la corrupción, no será en poco tiempo que puedan lograrse dichos objetivos.

Mientras tanto, las mayorías marginadas seguirán viendo en el Presidente la esperanza de un cambio y, por lo tanto, lo seguirán apoyando. ¿Por cuánto tiempo más?… ese es el gran reto de López Obrador: Reducir la desigualdad y revertir el enojo generalizado contra la burocracia oficial.

Por lo pronto, él encarna la esperanza de cambio para millones de mexicanos, no es su partido ni su gabinete; el peso de tamaña responsabilidad descansa sobre los hombros del Presidente, ahí están sus votos, su popularidad, su enorme capital político.

López Obrador sorteó con notable éxito su prueba de los 100 días, seguramente está consciente del reto que le espera para el resto de su sexenio.

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