OUTSOURCING

POR ALFREDO ARNOLD

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La reforma laboral de 2012 fue el último acto de gobierno de Felipe Calderón y el primero de Enrique Peña Nieto. Con ésta, se iniciaron las llamadas reformas estructurales del sexenio. Fue aprobada a finales de septiembre, dos meses antes del cambio de titular del Poder Ejecutivo federal, y aunque fue muy cuestionada por los partidos de izquierda, también fue celebrada con entusiasmo por el PRI, el PAN y en general, por el sector empresarial.

Esta fue la reforma que actualizó y popularizó el outsourcing (que por cierto no tiene traducción en español) y que se refiere a la subcontratación laboral, y que hoy, después de casi ocho años, provoca una nueva discusión en el Senado y en la vida pública de México. Los líderes sindicales la atacan porque su principal deber es la defensa de los “derechos laborales” de los trabajadores; los empresarios la avalan, porque su aplicación ha permitido flexibilizar las condiciones para contratar y despedir personal.

Es importante tener en claro que el outsourcing no se aprobó en lo oscurito, fue producto de una amplia consulta en la que pesó un impecable argumento de los empresarios, incluyendo los mini empresarios: “no se pueden crear empleos formales con tantos requisitos legales”, decían.

Ciertamente, la carga laboral encarece el costo de crear un puesto de trabajo formal: IMSS, Infonavit, días de descanso, vacaciones, aguinaldo, primas, bonos y otras “conquistas” sindicales son razones suficientes para inhibir la contratación de un joven sin experiencia o de un encargado de limpieza, por ejemplo.

Los sindicatos también abusaban. Una práctica muy conocida era emplazar a un negocito familiar, por ejemplo una fonda, para obligarlo a contratar personal sindicalizado externo. Cientos de familias se quedaron con las ganas de emprender, por culpa de esta marrullería.

De seguro también hay abusos derivados de la reforma, pero un dato cierto es que en el sexenio pasado, llamado “sexenio del empleo” se crearon más de 4.1 millones de puestos de trabajo. Muchos trabajadores formales también encontraron en este modelo la posibilidad de desempeñar un segundo empleo para completar el gasto familiar.

El empleo formal, el outsourcing, el empleo informal (donde labora el 57% de los trabajadores mexicanos) y los programas sociales del Gobierno actual, como “Jóvenes construyendo el futuro”, son alternativas válidas para que la gente se gane honradamente el sustento.

Si los senadores conocen algo mejor, que lo propongan, pero que no desaparezcan con sólo levantar la mano las oportunidades que los mexicanos tienen para trabajar.

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