NUEVO TRATADO COMERCIAL

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Después de 14 meses de intensas cuanto difíciles negociaciones, México, Estados Unidos y Canadá acordaron renovar y prolongar su alianza de libre comercio.

No se acordó en los mismos términos que el ya prácticamente liquidado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que entró en vigor aquel ya lejano 1 de enero de 1994, se trata de un nuevo documento que pone al día los grandes cambios que han ocurrido en el mundo en estos 24 años.

El TLCAN fue un tratado comercial de vanguardia en su tiempo; fue un acuerdo que los gigantes asiáticos ni siquiera tenían en mente, y que sorprendió a Europa, donde, por cierto, no estaba consolidada la Unión Europea y aún no circulaba el Euro. El tratado logrado por Carlos Salinas de Gortari, George W. Bush y Brian Mulroney presentaba una gran novedad: la apertura de fronteras y la creación de un mega mercado que hoy llega a 486 mil millones de personas.

A diferencia de los obstáculos y malos ratos que debieron superarse ahora, en aquel tiempo las negociaciones transitaron por un camino terso ya que los tres mandatarios estaban de acuerdo en los objetivos esenciales de la asociación comercial y convencidos de que el TLCAN daría origen a la zona económica más rica y próspera del planeta.

El Tratado funcionó. En México provocó un cambio sustancial en el modelo económico: de ser un país dependiente del petróleo, nos convertimos en un país manufacturero y exportador no únicamente de materias primas sino de productos elaborados, incluyendo automóviles, aparatos electrónicos y los nuevos bienes que demandaba la naciente masificación de los consumidores de productos cibernéticos.

Con los años, este modelo de asociación comercial se fue agotando en perjuicio de Estados Unidos, según lo manifestaron Donald Trump y Hillary Clinton cuando estaban en campaña por la Presidencia de su país. Por lo tanto, no fue ninguna sorpresa el anuncio que hizo el nuevo Presidente estadounidense, de cancelar el TLCAN.

La total cancelación del Tratado hubiera sido funesta para la economía mexicana, por lo cual el gobierno del Presidente Peña Nieto y los sectores productivos del país se unieron en la tarea de negociar. Incluso el equipo del Presidente electo López Obrador fue incorporado a las reuniones. No fue fácil, decíamos anteriormente. Varias veces estuvieron a punto de romperse las pláticas, incluso Canadá se mantenía renuente y de último minuto se unió. Pero finalmente valió la pena.

El nuevo tratado, USMCA (UnitedStates, México, Canadá Agreement), al que por cierto se le busca un nombre en español, es el resultado de la actualización del acuerdo original adaptado a los cambios en el comercio mundial, entre ellos el comercio digital, las patentes, el desarrollo de nuevos sectores industriales y laborales, así como el surgimiento de nuevas mega economías como lo es China.

Es probable que en nuevo USMCA no sea tan amplio y ventajoso para México como lo fue el TLCAN, pero sin lugar a dudas es una herramienta que favorece la entrada de productos mexicanos al mercado estadounidense de 325 millones de habitantes y 62,670 dólares de PIB per cápita, además de lo que representa Canadá con sus 37 millones de habitantes que disfrutan de un PIB per cápita de 49,775 dólares. ¿Cuántas naciones de todo el mundo quisieran tener acceso preferencial a este mercado? ¡Muchísimas, probablemente todas!

Hoy, los sectores productivos mexicanos deben darse a la tarea de conocer en detalle el nuevo USMCA y aprovechar las oportunidades que ofrece para el crecimiento de nuestro país. Ahí tenemos la herramienta, hay que aprender a manejarla con eficacia.

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