“NAVIDAD” EN NOVIEMBRE

CRÓNICAS DE MANNÉ... MARIANNÉ VILLACORTA C.

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A finales de noviembre, todavía mi cuerpo y mi mente no lograban sentir el espíritu de la Navidad, sentía que el 24 de diciembre aún era una fecha relativamente lejana. Había mucho trabajo por hacer antes de que llegaran las vacaciones. Sólo caí en cuenta de la cercanía de las fiestas de fin de año por la decoración de las plazas comerciales: música de villancicos, aparadores con adornos navideños, miles de luces, un gran árbol, eso era todo lo que necesitaba para empezar sentir el ambiente de la mejor época del año.

Sin embargo, más tarde reflexioné si realmente estamos siendo congruentes con el verdadero motivo de la celebración o sólo buscamos excusas para comprar más. Y me convencí –no sé si es bueno o malo– que estamos ante una nueva forma de festejar, se trata de un cambio tan radical que hasta en China y en otras culturas no cristianas, decoran las calles con grandes estrellas luminosas y los aparadores invitan a comprar, comprar, comprar, comprar y seguir comprando regalos. ¿Sabrán cuál es el motivo de la fiesta?

La realidad es que el materialismo está afectando la esencia de nuestras festividades más importantes.

Afortunadamente, aún hay hogares (y también negocios, no lo niego) donde colocan nacimientos, algunos muy sencillos, otros artísticos o muy elaborados, pero en general siguen dominando cada vez con más fuerza los arbolitos, los santacloses y otros adornos, incluso botellas de vino con su gorrito rojo y ya no digamos atractivas modelos ataviadas con poquita ropa “navideña.

¿Se terminó la alegría de reunirse en familia para celebrar el nacimiento del Salvador, esa unión que anteriormente reinaba en las casas en las épocas decembrinas; la que transmitían los abuelos y que a mí me encantaba compartir?

Eso debería ser el festejo real, mover cielo mar y tierra para estar junto con los seres queridos. Tal vez ya no sea posible recuperar del todo aquella ilusión de los niños que se despertaban con la felicidad de ver sus regalos, pero lo que sí es posible es informarles sobre el verdadero sentido de la fiesta y, de hecho, regresárselas. La Navidad era un día muy especial para los niños, hoy los adultos se las hemos arrebatado y deformado. Es de elemental justicia, ahora que se habla de Derechos, de darle a los niños lo que les pertenece; esta fiesta, en su aspecto material, es esencialmente de ellos.

¿Cuántos niños de ahora no saben ni qué se festeja y sólo están esperando que llegue el día en que amanezcan llenos de regalos?

Me pregunto si deberíamos estar tan preocupados por encontrar el regalo perfecto para cada persona, o tener el mejor árbol de Navidad, en lugar de estarnos preparando para recibir a conmemorar y agradecer la presencia de Jesucristo en nuestras vidas.

No hay que llenar el clóset de regalos, sino abrir el corazón para que se llene de bendiciones. En medio de los problemas en que nos envuelve el mundo actual, la Navidad es el momento indicado para tener paz y unirnos con alegría alrededor de la familia.

Y es bueno recordar que la Navidad no es en noviembre como nos quiere hacer creer el consumismo. La fecha no ha cambiado, esperémosla como debe ser.

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