MIGRACIÓN LEGISLATIVA

DEL EDITOR… Alfredo Arnold Morales

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Nueve diputados federales del PRD encabezados por el coordinador de la bancada, Ricardo Gallardo Cardona, abandonaron las filas de su partido y aunque se declaran independientes, lo hicieron con la clara intención de apoyar al grupo de Morena y conseguir la mayoría calificada que se requiere para la aprobación de reformas constitucionales.

La chapuza ha sido consumada apenas cinco meses después de que asumieron sus cargos populares el pasado día primero de septiembre.

La justificación del diputado chapulín es que “el PRD ha dejado de abrir espacios de diálogo directo entre los militantes y sobre todo con la gente, alejándolo de los valores de la solidaridad y el diálogo. Sin esos valores, ya no es un partido donde yo pueda servir”, afirmó Gallardo Carmona.

Lo primero que uno piensa es cómo se puede quejar un diputado federal, que además es coordinador de su bancada y por lo tanto goza de privilegios legislativos (la influencia en la Junta de Coordinación Política y la asignación de puestos en las comisiones, por ejemplo); cómo se puede quejar de fallas internas en su partido, cuando él mismo forma parte de la cúpula.

La realidad es muy clara: migran para poner sus votos al servicio del mejor postor.

Ya se saben el caminito, hoy simplemente la volvieron a hacer… ¡por tercera vez!

En 2006, cuando el grupo del PRD en el Senado era coordinado por Carlos Navarrete, tres senadores perredistas emigraron al PT.

Más escandaloso fue en 2017, cuando 12 senadores del PRD capitaneados por Miguel Barbosa, se fueron al PT que estaba prácticamente desahuciado, pero no lo hicieron por caridad política, sino para entregarse en los brazos de Morena. Entre estos 12 chapuceros estaban Alejandro Encinas, Mario Delgado, Zoe Robledo y, por supuesto, Miguel Barbosa, quien hoy busca una vez más la candidatura de Morena para el gobierno de Puebla.

La ley debe poner freno a esta forma de corrupción política.

Corrupción, en efecto, porque aun suponiendo que de verdad existiera un argumento ideológico para cambiar de partido cuando ya se ha tomado posesión de la curul, en los hechos esto constituye una burla para el distrito electoral que les dio el triunfo, en caso de que sean legisladores de mayoría, o para el partido que los colocó en la lista privilegiada de los plurinominales. Es decir, traicionan a los ciudadanos que les dieron el voto, al partido que los postuló e incluso al INE que les aprobó plataformas políticas personales y les asignó millones de pesos para sus campañas. ¿Con qué cara pueden mirar ahora a los ciudadanos?

La ley debe ser tajante contra este engaño burdo e inmoral que daña a la democracia.

Sobre todo, resulta tan increíble como desvergonzado, el hecho de que un senador o diputado federal diga que debe cambiar de partido para expresar libremente su opinión y su voto. ¿Creen que los ciudadanos estamos tarados, o qué?

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