Mentira y política

POR SALVADOR ECHEAGARAY

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La política es la actividad humana que vela por el bienestar de todos. Sin embargo, a lo largo de la historia el hombre siempre ha utilizado a la política para su propio bien, o para el de su familia y/o el selecto grupo de sus amigos. No obstante, hay quienes se esfuerzan por servir, como debe ser, pero éstos son pocos.

Y es que, en gran parte de los actores políticos, la mentira reina como si fuera la piedra angular de la actividad del bien común. “Miente, miente, miente y después, miente que mentiste”.

La mentira es decir algo distinto a lo que pensamos, con la intención de engañar.

Hay mentiras jocosas, se dicen por juego y pasatiempo. Las oficiosas son para sacar provecho. Y las mentiras dañosas son para perjudicar a otro o a otros.

Todos estos tipos de mentiras se manejan a diario en el actuar político. Hoy día se dice una cosa, mañana lo contrario y pasado, se niega lo que se dijo. Una especie de dialéctica hegeliana de la mentira (tesis, antítesis y síntesis). Mentira, negación de la mentira y mentira de la mentira.

Y eso todos los días. Y ahí, como espectadores cautivos, estamos embelesados oyendo mentiras en vez de salir como el filósofo de La Caverna de Platón y contemplar la verdad, el bien y la belleza. Pero, no, estamos en la cueva oyendo mentira tras mentira y al que más miente, a ese lo idolatramos.

Se nos olvida que la verdad es tan simple como la adecuación de nuestra inteligencia a la realidad de las cosas, siendo la verdad lógica y, el decir lo que pensamos, la verdad moral.

Pero, de esto hablaremos en otra ocasión.

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