MÁS PARTIDOS, PERO MENOS PLATAFORMAS

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Gonzalo Leaño Reyes

Después de refundada nuestra nación por medio de la Constitución de 1917 y una vez superadas las diferencias ideológicas y políticas que se resolvían con las armas, México entró en una larga etapa de consolidación como Estado moderno y desarrollo económico, bajo la tutela de instituciones fuertes y un sistema monopartidista que cumplió su cometido, pero que finalmente se agotó.

A mediados de los años ochenta se llevó a cabo una importante reforma política que permitió la consolidación de tres fuerzas políticas claramente diferenciadas y representativas de las líneas tradicionales: centro, izquierda y derecha. Las plataformas programáticas, los estatutos partidarios, su discursiva, estrategias electorales e incluso manifestaciones y protestas, eran congruentes con la imagen que cada partido tenía entre los ciudadanos y en la opinión pública.

Con las reformas políticas subsecuentes y la aparición de órganos especializados en materia electoral y de gestión partidaria, actualmente el espectro de opciones que se ofrece al ciudadano ha crecido de manera exponencial; parecería que cada nuevo partido llena un hueco desatendido, pero no es así. Lo que en realidad ocurre es que la apertura ha sido aprovechada solamente por individuos y grupos deseosos de llegar al poder, o por lo menos disfrutar de las jugosas prerrogativas que, por ley, se dispensan a los partidos y las organizaciones políticas.

En efecto nocivo de este proceso se hace cada vez más palpable: los ciudadanos se alejan de las urnas, el debate político ha descendido de nivel hasta caer en lugares comunes y descalificaciones, los partidos pierden votos en grandes cantidades de una elección a otra, y la construcción de alianzas se ha vuelto indispensable para aspirar a conseguir triunfos electorales.

El ciudadano está confundido, sobre todo cuando conoce muy poco de los candidatos, cuando le ofrecen siete u ocho opciones para dar su voto y cuando se entera de que su partido celebra alianzas con los rivales ideológicos. ¿O es que los partidos ya no profesan ni promueven ideologías diferenciadas?

Las elecciones del pasado 4 de junio mostraron con toda objetividad numérica la caída de los votos y la insuficiencia de los partidos para ganar por sí mismos, con sus propuestas, plataformas y programas políticos, con sus discursos y sus candidatos. Todos dependieron de sus aliados.

Ya se avizora la elección del próximo año en la votarán los ciudadanos por el nuevo Presidente de la República, senadores y diputados federales; y en Jalisco y otras entidades, también por Gobernador, diputados locales y ayuntamientos. Esperemos que las opciones que se ofrezcan a los ciudadanos sean nítidas y no den lugar a confusiones. Los partidos deben retomar sus principios y su propia personalidad. Veremos a nivel nacional una reñida contienda entre el PRI, PAN, PRD y Morena. A nivel estatal también estará en la arena política Movimiento Ciudadano. Es momento de que cada uno exponga su visión de país, su programa de gobierno y las metas que como eventual ganador se abocaría a conseguir en sus años de gobierno. Lo mismo deben hacer los demás partidos, aun si deciden ir aliados con los más grandes. ¿Qué aporta cada quién?

Volver a la claridad de las líneas políticas y no continuar con el discurso estandarizado, es un requisito esencial para que avance políticamente nuestro México.

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