Las tres culturas

POR ANGÉLICA DE LA PEÑA

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La Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco nos recuerda el sincretismo cultural que somos: un antepasado que puede ser representativo en las ruinas de lo que fue el mercado tlatelolca de los mexicas, el convento y templo católicos del periodo colonial y la torre de lo que fue la Secretaría de Relaciones Exteriores de nuestra época.

Lo que hoy somos se refleja nítidamente por lo escrito en esta plaza a propósito de la conquista: “El 13 de agosto de 1521 heroicamente defendido por Cuauhtémoc cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota. Fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy”.

Somos, venimos de esos orígenes, más mestizos que indígenas, muchos menos criollos que indígenas, y ya de otros orígenes, todos conviviendo como Nación desde hace 198 años independizados de España.

La fusión de las etnias con los colonizadores tuvo la bendición de la iglesia católica cuya religión se formaliza desde el Estado y forma parte del Estado más allá de la colonización; los estandartes de Hidalgo con la imagen de la Virgen aglutinan a los guerreros convocados desde esa expresión insurrecta del catolicismo. Se funda la República y la Iglesia sigue formando parte como Estado hasta que llega el Estado Laico con los liberales del 57.

492 años y aún con el artículo 2 constitucional la situación de 12 millones de indígenas sigue siendo deplorable por la marginalidad y exclusión social derivada de la discriminación por su color de piel, sus idiomas y sus sistemas normativos y culturales y por el predominio de los nuevos pobladores, criollos y mestizos, dueños de la economía preponderante.

Conciliar un acto donde la España de hoy, ofrezca disculpas a esos descendientes indígenas y mestizos por lo cruento de las batallas de dominación y la colonización sería importante; emblemático abrazarnos como lo que somos hoy, por la relación que se ha venido construyendo en diversas circunstancias históricas; basta leer la biografía de Gilberto Bosques para recordar cómo logró que miles de niñas y niños españoles pudieran huir del franquismo hacia tierras mexicanas para salvar sus vidas, México los protegió con amor. Pero el Presidente López Obrador echó a perder la posibilidad de un acto con ese fin por la forma como quiso resolverlo, si es que realmente tenía ese propósito.

Ofrecer disculpas es un recurso diplomático que se concreta de manera voluntaria, conciliada y planificada por las partes, reconocer que los hechos sangrientos del pasado transiten en la resiliencia, construcción de la paz y la amistad; el mensaje universal es no olvidar para la no repetición. Ya conocemos las reacciones del otro lado del continente resultado del uso inadecuado por parte del Presidente de un mecanismo de paz al subordinarlo a la política interna y a un asunto personal. Si es genuino, debe resolver los pendientes que impiden que las y los indígenas sean reconocidos como sujetos de derechos hoy 2019 desde la directriz de su gobierno, basta un ejemplo: respeto al Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales, reconocer sus derechos a la tierra, a la consulta previa sobre megaproyectos que pueden afectarles como la tala, agro negocios, megaproyectos o minería en territorios indígenas como la termoeléctrica de Huesca y el Tren Maya; en serio, no con consultas chafas.

@angelicadelap

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