LAS DOS CARAS DE LA VIOLENCIA

POR GONZALO LEAÑO REYES

0
26

En los últimos días, una nueva noticia desplazó al tema de la pandemia del Covid-19 del primer lugar que ha venido ocupando desde marzo por lo menos, en la jerarquía informativa. Se trata de las manifestaciones de protesta por la muerte del ciudadano norteamericano George Floyd, en Minneapolis, Estados Unidos.

Es del dominio público la forma como murió este hombre: asfixiado por la acción de la rodilla que el policía que lo detuvo hizo sobre su garganta. El momento fatal fue captado por una cámara de video y en cuestión de minutos fue extensamente difundido en redes sociales.

Lo que siguió a este hecho, el cual fue calificado inmediatamente como homicidio en segundo grado (no premeditado o que es causado por una conducta peligrosa), fue una inesperada reacción de miles de personas que salieron a las calles a protestar; unas para exigir justicia y otras claramente a vandalizar. La violencia callejera se extendió por varias ciudades norteamericanas, incendiaron vehículos y edificios, dañaron monumentos, enfrentaron a las fuerzas de seguridad y produjeron detenidos, heridos y más de una muerte.

La reacción del Gobierno fue contundente: reforzó la seguridad en las calles con elementos de las Fuerzas Armadas y finalmente sofocó lo que parecía un alzamiento.

Curiosamente, el caso de Floyd tuvo una réplica muy parecida en México: protestas violentas por la muerte de Giovanni López, ocurrida presuntamente a manos de la policía de Ixtlahuacán de los Membrillos. La diferencia más notoria es que, en el caso de Jalisco, el fatal acontecimiento había ocurrido un mes antes.

Ambos hechos tan parecidos nos llevan a dos reflexiones: la primera es que, tanto en una ciudad moderna como Minneapolis como en un pequeño pueblo como Ixtlahuacán, ocurren abusos de autoridad que deben ser corregidos sin dilación, hay malos elementos policiacos y procedimientos deficientes que se tienen que corregir, pues no es posible que quienes están para resguardar la seguridad de las personas se conviertan en su mayor peligro.

Por otro lado, se advirtió en las manifestaciones el uso injustificado de la violencia y el vandalismo masivo o de grupos determinados, desacreditando de esta manera la solidaridad y legitimidad de la manifestación ciudadana. Esto tampoco se debe aceptar.

Los casos de Floyd y Giovanni ponen nuevamente en el escenario público la profunda división que existe en la sociedad por diferentes motivos; en Estados Unidos se advierte la existencia de actitudes racistas que se creían ya superadas, y en cuanto a México, quedó en evidencia que las manifestaciones fueron una acción concertada, pues no es creíble que éstas se dieran casi simultáneamente en varias ciudades, incluyendo la Ciudad de México y, por supuesto, Guadalajara.

Hay dos caras de la violencia: la que se ejerce contra un ciudadano anónimo e indefenso, y la que practican grupos oportunistas por motivos políticos. Ambas deben ser castigadas y erradicadas, sobre todo en este tiempo en que los individuos de todo el mundo confían en que la experiencia de la pandemia nos hará salir fortalecidos como mejores personas y mejores sociedades cuando la crisis haya quedado atrás.

Dejar respuesta