LA RECONSTRUCCIÓN.

ALFREDO ARNOLD MORALES...

chivaemplumada@hotmail.com

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Sobre la tragedia ocurrida hace 32 años, Jean Meyer escribió:

“El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 horas de la mañana, el temblor más terrible que haya sufrido México en el siglo XX sacudió los estados de Michoacán, Jalisco, Guerrero y la ciudad de México. Al día siguiente otra sacudida, igualmente fuerte, redobló la tragedia.

Más de 6,000 personas murieron en la ciudad de México bajo los escombros de 1,081 edificios derrumbados. Otros 13,000 edificios quedaron muy dañados; 100,000 familias perdieron su hogar. Sin perder tiempo, la población se movilizó y manifestó una gran solidaridad. La ayuda internacional fue recibida con gratitud.

“Antes y después del terremoto las principales inquie- tudes eran: ¿cómo cargar con una deuda agobiante, cómo sacar al país de la crisis, cómo poner fin a la caída de las actividades económicas y del nivel de vida? Había que reconstruir la capital, reconstruir la economía sobre bases más sanas, liberarse del peso mortal de la deuda y dar trabajo a una nación que en 50 años había pasado de 20 a 75 millones de habitantes.

“Además, seguía en pie el problema político: ¿cómo hacer del sistema una verdadera democracia? (…)”.

En los siguientes tres años Miguel de la Madrid sufrió lo indecible con semejante carga, pero a mediados del siguiente sexenio el país ya estaba en pleno crecimiento. México salió de la crisis con banderas desplegadas.

En efecto, cuando el país se recuperó de la terrible tragedia de 1985 surgió un México más fuerte y próspero en todo sentido.

Hoy estamos ante otra contingencia de grandes di- mensiones. El dolor por las víctimas no se puede medir, es lo más grave de la tragedia. En otro nivel están los daños materiales. De acuerdo al Banco Mundial, el sismo del 85 fue el desastre que provocó la peor pérdida económica en el mundo durante un periodo de 40 años (1970-2010). Miguel de la Madrid cargó con el peso de la reconstrucción a lo largo de los tres años finales de su gobierno, Peña Nieto tendrá apenas uno para entregar cuentas de la catástrofe.

Para financiar la reconstrucción se utilizarán recursos de compañías aseguradoras; empresas privadas que resul- taron dañadas; fondos federales, estatales y de paraestatales como Pemex y CFE, así como recursos internacionales prestados o donados. Sin duda el desastre impactará las finanzas públicas y el crecimiento en lo que resta de este año y el siguiente.

El gobierno debe replantear el gasto; por un lado, ten- drá que apoyar fuertemente programas de vivienda y turismo, como se hizo en el 85, y por otro, debe recortar el gasto en otros rubros y poner en marcha un plan de austeridad.

Se puede ahorrar prácticamente en todo para aligerar el peso de la reconstrucción, pero dadas las circunstancias una de las partidas más mencionadas por la sociedad es la del INE, que tan sólo para los partidos tiene contem plado destinar 6,788 millones de pesos. Por supuesto, no se trata de dejar sin dinero a los partidos y mucho menos de suspender las elecciones, sino de apoyar efectivamente la reconstrucción, evitar “lujos” políticos que México no puede darse en estos momentos y, sobre todo, enviar el mensaje de que la política no es totalmente insensible a las demandas y necesidades de la gente.

La reconstrucción es hoy el gran reto. Desafortuna- damente, después de haber salido de la crisis de 1985 y de alcanzar buenos niveles de desarrollo y bienestar, nos volvimos a meter en problemas: deuda, desigualdad, vio lencia, inseguridad, corrupción, golpes de la naturaleza, rechazo a la clase política. ¿Cuánto tardaremos en volver a salir adelante?

¿Lo verá esta generación?…

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