México y Estados Unidos se encuentran en una nueva etapa crítica de su historia, en la que sus gobiernos tienen posiciones antagónicas sobre temas trascendentes como son la seguridad, los migrantes y las relaciones comerciales
Además de sostener tesis contrarias, el debate al más alto nivel –el nivel presidencial—también presenta formas muy distintas: Donald Trump ha insistido desde su campaña en un discurso hostil y agresivo. Por el contrario, Enrique Peña Nieto ha conservado la ecuanimidad, apuesta por el diálogo y hace esfuerzos tendientes a unificar a los sectores más influyentes del país en un frente común para resistir la embestida.

La vecindad tiene ventajas y riesgos, igual puede fortalecer los lazos de amistad que exacerbar las diferencias. México no eligió ser vecino de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, pero la realidad es que ambos comparten una de las fronteras más largas del planeta, 3,180 kilómetros. La línea divisoria no sólo es extensa, sino económica y políticamente relevante ya que une a 48 condados y cuatro estados del lado norteamericano con seis estados del lado mexicano. Existen incluso ciudades prácticamente conurbadas de ambos lados de la frontera, como Tijuana-San Diego, Mexicali-Caléxico, Nogales-Nogales, Agua Prieta-Douglas, Ciudad Juárez-El Paso, Ojinaga-Presidio, Ciudad Acuña-Del Río, Piedras Negras-Eagle Pass, Laredo-Laredo, Reynosa-Mc Allen y Matamoros-Brownsville.

La vecindad tiene ventajas y riesgos, igual puede fortalecer los lazos de amistad que exacerbar las diferencias. México no eligió ser vecino de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, pero la realidad es que ambos comparten una de las fronteras más largas del planeta, 3,180 kilómetros.

La línea divisoria no sólo es extensa, sino económica y políticamente relevante ya que une a 48 condados y cuatro estados del lado norteamericano con seis estados del lado mexicano. Existen incluso ciudades prácticamente conurbadas de ambos lados de la frontera, como Tijuana-San Diego, Mexicali-Caléxico, Nogales-Nogales, Agua Prieta-Douglas, Ciudad Juárez-El Paso, Ojinaga-Presidio, Ciudad Acuña-Del Río, Piedras Negras-Eagle Pass, Laredo-Laredo, Reynosa-Mc Allen y Matamoros-Brownsville.

Ambos países comparten la circunstancia histórica de haber sido colonias europeas: Estados Unidos, de Inglaterra y México, de España. Ellos lograron su independencia en 1783, nosotros en 1821, apenas 38 años de diferencia. Ambos pasamos por guerras civiles…

Parecería que es la historia de un mismo pueblo, pero no, Estados Unidos es una nación y México otra. Y las relaciones no siempre han sido venturosas; lamentablemente ha habido intervenciones militares e incluso declaración de guerra.

La vecindad mejoró y se fue fortaleciendo después de la Revolución Mexicana, al grado de que el siglo XXI encontró a México y Estados Unidos no sólo como grandes amigos sino además exitosos socios comerciales. Una vecindad literalmente envidiada por el resto del mundo.

De pronto la situación no es la misma. El panorama se volvió a enturbiar a raíz de la embestida verbal del candidato y hoy presidente Donald Trump, cuyas contradicciones, amenazas y ofensas continuas han generado un clima de incertidumbre que podría afectar seriamente a la economía mexicana.

CONVIVENCIA TORTUOSA

Históricamente, Estados Unidos es el vecino fuerte y cuando ha sido necesario negociar, ha sacado la mejor parte.

Apenas había logrado México su independencia cuando Joel R. Poinsett exhibió el afán expansionista de su gobierno al hacer una oferta para la adquisición del territorio de Texas. Pero al negarse Iturbide, el enviado norteamericano se infiltró, dividió y provocó el primer gran trauma de la incipiente nación mexicana.

Pocos años después sobrevino la guerra, la ocupación de la ciudad de México, la rendición y la ominosa firma del Tratado Guadalupe Hidalgo que le arrebató a México, el 2 de febrero de 1848, la mitad de su territorio. Irónicamente, ese documento lleva el nombre oficial de “Tratado de paz, amistad, límites y arreglo definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América”.

No fue tal el “arreglo definitivo”, ya que el 14 de diciembre de 1859, el presidente Juárez, urgido de recursos econó- micos para sostener la Guerra de Reforma, aceptó el Tratado McLane-Ocampo, por el cual México cedía a perpetuidad el libre tránsito de los norteamericanos por el Itsmo de Tehuantepec hasta Coatzacoalcos y establecía rutas protegidas para ellos dentro del territorio nacional, por ejemplo, de Matamoros a Mazatlán. Afortunadamente, el Senado norteamericano no ratificó el tratado, por temor a que los estados del sur que estaban en guerra con los del norte, lo aprovecharan en su favor.

Otro episodio en el que México salió perdiendo fue el Pacto de la Embajada, suscrito el 18 de febrero de 1913, en el que se convino el golpe contra Madero y Pino Suárez.

Uno más fue el boicot comercial después de la expropiación petrolera decretada por Lázaro Cárdenas en 1938.

La relación vecinal, decíamos, no ha sido precisamente tersa a lo largo de la historia, pero ciertamente entró en una dinámica positiva después de la Revolución. Hubo gestos de cortesía, como fue la devolución del Chamizal, numerosas visitas presidenciales recíprocas y creció el comercio, el turismo y las inversiones en beneficio de ambos países.

NEGOCIAR, NO PELEAR

El 1 de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), uno de los acuerdos regionales más ambiciosos en el marco de la globalización que aún era un fenómeno incipiente y cuestionado en el mundo.

Mucho han ganado Estados Unidos y Canadá por medio de este mecanismo, pero, para México significó un cambio dramático en materia económica ya que sustituyó el viejo sistema rural y de extracción petrolera por otro basado en la competitividad, la producción manufacturera, la exportación y la inversión extranjera.

El nuevo modelo económico le permitió a México equilibrar la balanza comercial con Estados Unidos, después de muchos años de sostener una relación que históricamente le era deficitaria.

Este es el tema que hoy enoja al presidente Trump pues lo ve como un hecho aislado, sin considerar antecedentes históricos ni contexto global. Para él, México es el único país beneficiado del TLC y hay que revertir las cosas, recuperar la producción y los empleos en favor de su país. No toma en cuenta el factor de competitividad que a la larga beneficia a los consumidores norteamericanos, no alude a la expansión que han tenido las empresas estadunidenses y mucho menos menciona el gran déficit comercial que tiene Estados Unidos no con México sino con Japón y China.

La seguridad de la frontera y el tema migratorio son los otros dos grandes asuntos que han puesto frente a frente a los gobiernos de Estados Unidos y de México.

Desde la campaña presidencial por la Casa Blanca hizo su aparición la oratoria estridente de Trump, a la que el presidente Peña Nieto enfrentó primero con prudencia y cortesía, y ahora con solidez y argumentos. El primer contacto oficial fue en agosto del año pasado, la polémica visita de Trump a Los Pinos; luego, Videgaray visitó en la Casa Blanca a Jared Kushner, yerno y asesor de Trump; se pactó una entrevista de Peña Nieto a la Casa Blanca pero Trump la canceló vía twitter; Videgaray e Ildelfonso Guajardo fueron a Washington; Peña y Trump conversaron por teléfono, de donde surgió el rumor de que éste habría sugerido enviar tropas a México para combatir el narcotráfico, y finalmente se dio la visita a Los Pinos de los secretarios de Estado, Rex Tillerson y de Seguridad Interior, John Kelly. En la agenda está la renegociación del TLC y la construcción del muro fronterizo.

No se sabe si hay avances hacia acuerdos satisfactorios o si las posiciones se endurecen cada día más. Lo cierto es que urge definir las nuevas reglas del juego, la incertidumbre es peor que un mal negocio. Afortunadamente, del lado mexicano hay signos de unidad de los sectores empresarial y político en torno al presidente Peña, a diferencia del equipo del presidente Trump donde ya hay grietas, renuncias y contradicciones.

Por lo pronto, México ya no es el país débil y desunido de los años 1821-1913; hoy muestra mucho mejor cara para negociar ante el poderoso vecino del Norte. Esperemos que lo haga bien.

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