LA LEY NATURAL.

MIRADOR

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Salvador Echegaray

Constantemente hablamos de la ley o de las leyes; decimos que aprobaron tal o cual ley, comentamos las leyes constitucionales, las leyes de tránsito y hasta de las leyes que rigen el universo.

¿Qué es la ley?

En el nivel de conocimiento vulgar (del latín vulgus que significa pueblo) se entiende a la ley como algo que hay que cumplir. Otros identifican a la ley con la autoridad, como puede ser un policía. Hay también una forma especial de ley, cuando hablamos de lealtad, fidelidad, amor.

La palabra ley viene del latín lex y quiere decir “que se lee”. Desde que se dictan leyes es necesario leerlas, de otra manera es difícil saber su contenido.

Por su parte, la Real Academia de la Lengua Española nos da varias definiciones de ley:

1.Regla fija a la que está sometido un fenómeno de la naturaleza.

2. Cada una de las relaciones existentes entre los diversos elementos que intervienen en un fenómeno.

3. En el régimen constitucional, disposición votada por las Cortes y sancionada por el jefe del Estado.

4. Religión, culto a la divinidad.

En el nivel filosófico, de acuerdo a Santo Tomás de Aquino, ley es la “ordenación racional para el bien común, dada y promulgada por quien tiene a cargo la comunidad”. Vamos por partes:

“Ordenación”, lo cual significa un mandato, un imperativo. “Racional”, esto es que la ley debe ser coherente, pensada y no producto de un capricho o de un impulso. “Para el bien común”. Si el bien es todo lo que apetecemos, éste tiene carácter de fin, luego, el impulso que nos mueve a actuar es el querer ser feliz, por lo tanto, el bien común es la felicidad de todos, así que la ley debe procurar la felicidad de los que están sujetos a ella. En muchas ocasiones tomamos a la ley como un estorbo. Si la ley no fuera racional o coherente, sí sería impedimento para la felicidad, pero si lo es, coadyuvará a la felicidad de los que están bajo su jurisdicción. “Dada y promulgada”, esto es, que debe hacerse pública, darse a conocer, pues una ley que no se publica, sería una ley invisible y no podría obligar su observancia. “Por quien tiene a cargo la comunidad”. En este caso se refiere a la autoridad particular en cada grupo humano, que puede ser un país, un estado, un municipio, una escuela, un club o el mismo hogar.

En el nivel del conocimiento teológico podemos decir que la ley es el ordenamiento que Dios hace de todas las cosas desde la eternidad. Si hay un orden, hay un ordenador que es Dios. Para constatar este orden basta mirar alrededor. ¿Cómo es posible que hace unas horas era de día o de noche?; por el movimiento de la Tierra sobre su propio eje. ¿Cómo es que respiramos y mantenemos la vida?; por leyes químicas que hacen que las plantas produzcan oxígeno. Así, por leyes biológicas, huevo se transforma en pollito, y en el vientre materno nos formamos usted y yo.

Como el ser humano es parte del universo, esta ley eterna también lo abarca. Para su estudio la llamamos ley natural. Y la podemos definir como “la ley eterna que rige a la criatura racional, que es el hombre”.
Por ley natural y sentido común sabemos que matar es malo, que robar es malo, que mentir es malo, etcétera, y para tenerlo presente Dios nos dio los 10 Mandamientos, que son una síntesis de esta ley natural.
La ley natural que gobierna al ser humano tiene las siguientes características:
1.Es inmutable, lo que significa que no cambia con el tiempo. Rige desde que el hombre surgió en la Tierra hasta nuestros días.
2. Es absoluta, no depende de nada. No está a merced de que si la quiero cumplir o no. Si no lo hago hay sanciones naturales, hay consecuencias que nos afectarían.
3. Es universal, rige para todos los hombres sin importar raza, nivel socioeconómico, nacionalidad, etcétera.

Quedémonos con las palabras que da Cicerón, pensador, escritor y político romano de la antigüedad: “Existe una ley conforme a la naturaleza; común a todos los hombres, razonable, eterna, que nos prescribe la virtud y nos prohíbe la injusticia. Esta ley no es de las que permiten ser quebrantadas o eludidas o que puedan modificarse; ni el pueblo ni los magistrados tienen poder para desatar las obligaciones que impone. No es una en Roma, otra en Atenas, ni diferente hoy de lo que será mañana; universal, inflexible, siempre la misma, abraza todas las acciones y a todos los siglos”.

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