LA JUSTICIA SE LES SALE DE CONTROL

CUENTOS DE PEPE EL GRILLO... JOSÉ DE JESÚS CEDILLO CAMARENA

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Era una vez… que estaba de moda el dicho de que “sería justo que pierda lo suyo, quien te quitó lo tuyo”.

Esto viene a cuento porque el pasado 29 de agosto, en las inmediaciones de la colonia Olímpica de Guadalajara, asaltaron y le quitaron la vida a Francisco Álvarez Quezada, joven de diecisiete años, alumno destacado de la preparatoria Tonalá, quien venía saliendo de sus clases de inglés cuando lo interceptó un sujeto que le robó su celular y lamentablemente le quitó la vida, en un hecho que vino a estremecer a la sociedad y que potencializa aún más el sentimiento de inseguridad que se vive actualmente en nuestra ciudad.

Desde luego que no es un tema nuevo, a diario escuchamos de todo tipo de robos, secuestros, homicidios y lo más lamentable, que es tan común y cotidiano que nos estamos acostumbrando a esto. Estamos siendo tan insensibles ante ello, que preferimos grabar con nuestro celular todo tipo de cosas, antes que brindar ayuda o evitar algún suceso lamentable, nada nos importa más allá de la computadora y nuestras redes sociales, mientras tanto no nos ocurra a nosotros o a nuestro círculo cercano de convivencia algo similar.

En materia de seguridad pública, a nivel institucional existen varias situaciones dignas de análisis, por ejemplo, que hay directores de dependencias que son políticos y no técnicos especialistas en la materia, los cuales nunca antes de tomar su cargo, habían contado con experiencia similar que garantizara su eficaz desempeño; siempre atrás de un escritorio y ahora responsables de un área tan compleja como lo es la seguridad pública.

A lo anterior le podemos sumar otra problemática: el nuevo sistema de justicia penal acusatorio, un innovador y vanguardista modelo, extraído con orgullo de otras latitudes de nuestro globo terráqueo, en la teoría sigue sonando espectacular, pero en la práctica conserva muchos huecos y dificultades no sólo para su debida aplicación sino además para que realmente inhiba la comisión de delitos.

Sin duda hubo irresponsabilidad por parte de las autoridades encargadas, que dejaron para últimas fechas todo el proceso de transición de un sistema a otro, un nuevo sistema que por su propia naturaleza ya era complejo; también hubo carencia de una adecuada capacitación y de personal con disposición o vocación de servicio, dispuestos obligatoriamente a cambiar de forma radical su forma de trabajar, con las limitantes que les pudiera representar ejecutar una serie de procedimientos técnicos a los que no estaban acostumbrados y que ahora son su responsabilidad.

Se debe contratar personal capaz al interior de las dependencias que se encargue única y exclusivamente de la debida ejecución de dichos procesos que tanto trabajo le cuesta aplicar a policías y agentes del ministerio público; crear vínculos intergubernamentales entre las policías municipales y la fiscalía, que faciliten el actuar y sus debidos procedimientos legales, que impida que delincuentes salgan impunemente en libertad a seguir delinquiendo. Así mismo, es preciso implementar incentivos laborales y económicos, para aquellos elementos operativos que realicen satisfactoriamente su labor.

La justicia en propia mano es ilegal y en ningún caso debe ser justificable, pero la desesperación está llegando a los límites y comienza a ser una opción para aquellos que han sido constantemente víctimas de la delincuencia.

Debemos buscar soluciones inmediatas a estos y todos los conflictos, no hay más tiempo que perder en discursos y publicaciones de que “estamos trabajando y poniendo todo nuestro esfuerzo”, se está generando una problemática que en el corto plazo pudiera salirse de las manos de las autoridades.

Y por hoy, colorín colorado… pero estos cuentos no han terminado.

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