LA CULPA ES HUÉRFANA

POR VIANEY ESQUINCA

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Cuando se pierde el control de una crisis, cuando las medidas anunciadas fallaron y no queda nada más que afrontar la realidad, se comienza a buscar un culpable a quien poderle imputar la responsabilidad de no haber actuado a tiempo o de haber tomado las decisiones equivocadas.

El gobierno federal y, en particular, el subsecretario de Salud y vocero de la pandemia, Hugo López-Gatell, han mostrado una amplia experiencia en buscar chivos expiatorios ante el escandaloso aumento de contagios y muertos por el covid-19. Todo con tal de no aceptar que la estrategia de salud implementada no ha sido capaz de hacer frente a la pandemia.

En sus conferencias de las 7 de la noche, López-Gatell ha distribuido culpas a diestra y siniestra. En mayo culpó de los contagios al modelo neoliberal que el PAN y el PRI impusieron en sexenios pasados. En junio responsabilizó a los ricos de haber traído la enfermedad a México: “pudieron regresar en aviones o jets privados y llegaron infectados”. El 5 de julio culpó a las empresas de productos chatarra de provocar el sobrepeso que afecta y mata a las personas que contrajeron covid-19.

El viernes pasado de plano acusó a los gobiernos estatales de no haber hecho lo suficiente, de haber mandado datos inconsistentes para elaborar el semáforo de riesgo y de haber acelerado el desconfinamiento, lo que provocó rebrotes en algunas entidades.

En el camino, López-Gatell ha culpado también a los medios de comunicación nacionales y extranjeros de pintar una realidad que para él no existe y ha acusado a los que considera sus detractores de no tener los conocimientos técnicos-epidemiológicos para entender por qué ha cambiado tantas veces los pronósticos de la pandemia y sus métodos de seguimiento.

Por supuesto, los gobernadores tienen una responsabilidad en sus entidades, muchos de seguir al pie de la letra las recomendaciones del gobierno federal y muchos por no seguirlas.

Sin embargo, hay hechos que no pueden ser ignorados. ¿A quién se puede culpar de no haber seguido las recomendaciones de la OMS de realizar miles de pruebas antes del desconfinamiento para tener un rumbo y un diagnóstico completo? Al gobierno federal.  ¿No fue López-Gatell quien minimizó hasta el cansancio el uso de cubrebocas como medida para abatir los contagios?

¿Quiénes han caído en constantes contradicciones en la comunicación? El subsecretario de Salud dice que hay que comer saludable y el Presidente desayuna tamales y guajolotas, muy mexicanas, pero muy poco sanas. López-Gatell señala que falta mucho para que la pandemia termine, pero López Obrador señala cada vez que puede que ya se domó la pandemia.

López-Gatell pide un desconfinamiento ordenado, pero su jefe invita a la gente a salir para recuperar la economía, no sólo eso, también ha dicho que la mejor cura es no enfermarse y que estar bien con nuestra conciencia, no mentir, no robar y no traicionar ayuda mucho para que la gente no se contagie del coronavirus.

En la falta de claridad, las señales cruzadas y en ir en contra de las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias internacionales tiene toda la culpa el gobierno federal.

Eso, sin embargo, no lo van a aceptar. Para el presidente López Obrador y López-Gatell el éxito consiste en no ver hospitales desbordados o “no ver las escenas dramáticas que se vivieron en los países europeos occidentales”. Bajo esa visión, las muertes y contagios, las manifestaciones de médicos y enfermeras pidiendo insumos y protección, la gente que ha muerto afuera de los hospitales por no recibir la ayuda a tiempo, pasan a segundo término. No son más que números, que no significan nada cuando se tienen camas y respiradores disponibles.

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