LA COSTITUCIÓN, 100 MÁS UN AÑOS.

DEL EDITOR… ALFREDO ARNOLD MORALES

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Recordarán que el año pasado, por estas fechas,
destacaba en la agenda pública el Centenario
de la Constitución de 1917. Se organizaron foros, conferencias, ciclos de estudio, etcétera, sobre
nuestra Carta Magna. Todos ellos, muy interesantes.
El Congreso de la Unión invitó a destacados ponentes
mexicanos y extranjeros que presentaron estudios
históricos, políticos, comparativos y diversos ángulos
acerca del constitucionalismo.
De todas estas participaciones se fue consolidando
una conclusión relevante: la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos, que si bien en el
momento de su promulgación (1917) recogió doctrinas
de avanzada en el terreno social, laboral y campesino,
al cabo del tiempo se ha convertido en un documento
obeso, que contiene serias contradicciones, repeticiones
y confusiones, además de errores ortográficos (que
sería lo de menos).
Una Constitución no es solamente un listado de las
leyes fundamentales. También contiene, por ejemplo,
descripciones geográficas, como la definición de las
fronteras, los límites de los estados, los ríos, lagos,
el mar territorial, etcétera. Incluso tiene enunciados
que son meramente aspiracionales, como aquel que
describe el salario mínimo como una retribución al trabajo justa, equitativa y que permita al trabajador y a su familia una vida digna; o el que establece la calidad de
la educación que imparta el Estado.
En aquellos diálogos participaron destacados juristas
como Diego Valadez, Pedro Salazar Ugarte, Arturo
Zamora y Guillermo Vallarta Plata, sólo por mencionar
a algunos de los numerosos participantes.
Como resultado de estos foros, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM elaboró un estudio
que propone la optimización de la Constitución, reduciendo en casi 18% su texto para hacerla más inteligible y práctica sin alterar normas ni acuerdos políticos.
El estudio mereció elogios del Instituto Iberoamericano
de Derecho Constitucional, pero los interesados, o
sea los legisladores mexicanos, ni en cuenta.
En efecto, el Congreso olvidó o simplemente desdeñó
todo el trabajo que hicieron especialistas nacionales y
extranjeros para poner al día nuestra Constitución; por
el contrario, parece que disfrutan el seguirla engordando.
¿De qué sirven los foros si no los toman en cuenta?
Pero, eso sí, lo que no se acaba es el día de asueto.
Mucha gente ni siquiera sabe qué se festeja. Cinco de
febrero, ¿hay puente?…
Por cierto, el pasado 5 de febrero entró en vigor la
nueva Constitución de la Ciudad de México y las autoridades iniciaron una campaña para que los habitantes la conozcan y la entiendan, lo cual me parece muy bueno.

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