LA APUESTA ES POR LA ESTABILIDAD ECONÓMICA

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Durante las seis décadas que el PRI detentó sin interrupción la Presidencia de la República, los mandatarios emanados de esa fuerza política no tuvieron un perfil uniforme. El escudo del partido era el mismo, pero la personalidad del ocupante de la residencia oficial de Los Pinos variaba radicalmente cada seis años. Fue muy acertado Daniel Cosío Villegas al señalar y analizar “el estilo personal de gobernar” de los presidentes de México.

Conforme fue avanzando nuestro país en su desarrollo y multiplicándose sus vaivenes políticos, comenzó a delinearse el debate previo a los consabidos “destapes”: ¿Debe ser el candidato un hombre sumamente hábil en el manejo de la política?, o ¿debe serlo, principalmente, en el manejo de la economía? De ahí, derivaba la siguiente interrogante: ¿Vendrá de Gobernación, o de Hacienda?

Una de los momentos más claros de esta dicotomía ocurrió en la sucesión del presidente Luis Echeverría: ¿Será Mario Moya Palencia (Gobernación) o José López Portillo (Hacienda)? La decisión, a pesar de que el país atravesaba por un ambiente de grave crisis en ambos campos, se decantó por el tema económico.

Hoy, cuatro décadas después de aquel reñido “destape” y con una problemática nacional distinta a la que prevalecía en aquellos mediados de los setenta, la esencia de la sucesión desde la óptica priista se concentró en el mismo asunto: ¿Gobernación o Hacienda?

De un lado, el país afronta problemas relacionados con el Estado de derecho, la seguridad pública, la competencia política y la conexión entre lo público, lo social y lo privado, campos de índole esencialmente política; por otro lado, estamos ante una nueva realidad en el escenario de la economía mundial, y muy particularmente en las relaciones comerciales con Estados Unidos, que representan en muchos rubros más del 80 por ciento de las exportaciones manufactureras, además de los sectores del petróleo, turismo y remesas; el empleo y el bienestar económico.

Puestas en la balanza en este momento, la circunstancia económica pesa más que la circunstancia política, lo que se tradujo en el plus que le permitió a José Antonio Meade Kuribreña obtener la candidatura frente a quien representaba la opción política, Miguel Ángel Osorio Chong.

La formación académica y profesional de Meade es impecable: es licenciado en Economía por el ITAM, abogado por la UNAM y doctor en economía por la Universidad de Yale. Además, en su paso por el sector público conoció la Consar, la Financiera Rural y participó en la reforma de la competencia económica; se desempeñó como titular de las secretarías de Desarrollo Social y de Relaciones Exteriores, y finalmente, la cereza del pastel: la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Se trata pues, de uno de los funcionarios públicos más capacitados para el momento que vive México: la necesidad de negociar con el exterior, principalmente con Estados Unidos, y evitar que se resquebraje la economía.

Se personalidad le ha permitido a Meade crear sólidas relaciones con todos los sectores productivos del país, por lo que se puede afirmar que ha sido una elección afortunada la que tomó el PRI.

Ahora hay que esperar la contienda electoral del 2018, que se espera dura y extremadamente competida. Esperemos que los ciudadanos resuelvan lo que sea mejor para México.

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