IGLESIA MEXICANA

DEL EDITOR... ALFREDO ARNOLD MORALES

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Detentar la Presidencia de la República fue, en el pasado, algo así como un cheque en blanco donde el mandatario en turno podía escribir todos los ceros que se le ocurriera. Era el poder total, personal, discrecional aunque jurara someterse a la Constitución. Si bien existían poderes fácticos, como los sindicatos, las cúpulas empresariales y una Iglesia políticamente invisible pero avasalladora en el fervor popular; aun así, el Presidente mandaba por encima de todo.

-¿Qué horas son?, preguntaba el mandatario.

-Las que usted quiera, señor Presidente, respondían sus corifeos.

No obstante, había y probablemente sigue existiendo un reducto al que más de algún presidente ha querido penetrar para ensanchar su poder; es el poder espiritual sobre el pueblo. Ninguno lo consiguió. El Estado sabe que con la Iglesia lo mejor era mantener una sana distancia.

Mandar simultáneamente en política y religión es una aspiración con reminiscencias medioevales que, por lo menos en dos épocas de la historia del México, se han manifestado. Una fue durante la Reforma, cuando el presidente Juárez, que era profundamente religioso, sintió que no podía someter al clero y coqueteó con la idea de fundar una iglesia nacional. La otra fue durante la postrevolución, esta vez fue el presidente Calles quien lanzó el proyecto de una iglesia mexicana, independiente del Vaticano.

Para no entrar en alegatos históricos, reproduzco la versión Wikipedia de ambos acontecimientos:

“La Iglesia Católica Apostólica Mexicana o ICAM es el nombre con el que a través del tiempo se ha conocido a varias denominaciones religiosas cristianas cismáticas con sede en México, que no se encuentran en comunión con la Iglesia Católica Apostólica Romana.

“A través de los años ha habido varios movimientos que han ostentado el nombre de Iglesia Católica Apostólica Mexicana.

“Época juarista. Esta denominación cristiana tiene su origen a raíz de un proceso llevado a cabo durante el siglo XIX, en el cual se pretendía crear una Iglesia católica de carácter plenamente mexicano y así tener una iglesia independiente. Es así como en el año de 1861 se funda con apoyo de Juaristas la primera denominación cristiana con el nombre de Iglesia Católica Apostólica Mexicana; esta denominación no duró mucho tiempo y, después de varios años, un ex religioso dominico de nombre Manuel Aguas refunda esta denominación con el nombre de Iglesia Mexicana de Jesús.

“Maximato. Otro grupo que llevó el nombre de Iglesia Católica Apostólica Mexicana se fundó durante la Guerra Cristera, cuando el 21 de febrero de 1925 el entonces presidente de México Plutarco Elías Calles intentó crear una Iglesia Nacional separada de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Junto con un movimiento cismático que tuvo como principal promotor al sacerdote católico disidente José Joaquín Pérez Budar, esta denominación tuvo como sede el Templo de Nuestra Señora de la Soledad, ubicado a unas cuadras del mercado de La Merced en la Ciudad de México. Este movimiento expulsó por la fuerza al párroco español Manuel L. Monge, para después entregársela al autodenominado Patriarca Joaquín Pérez quién llegó a tener a su cargo seis parroquias y trece sacerdotes.

“El movimiento desconoció al Papa, atacó a los miembros del clero católico que se apropiaron de las mejores iglesias, defendió el uso del español en las ceremonias, se opuso al celibato, al cobro de tarifas por los sacramentos y mostró un nacionalismo respetuoso de las leyes y de la Constitución de 1917, entre otras cosas”.

El tema parece revivir con las recientes expresiones del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador a favor de una “Constitución moral” y una “República amorosa”, sobre las que hacemos dos breves reflexiones:

En primer lugar, si la Constitución Política fuera “inmoral”, es decir, que se opone a la moral; que carece de un conjunto de valores, costumbres, creencias y normas que promuevan el orden, el progreso y la sana convivencia de la nación, lo conducente sería abrogarla, abolirla, pero no crear otra paralela.

Sobre la “República amorosa”, convoca a filósofos, antropólogos, psicólogos, especialistas, escritores, poetas, activistas, indígenas, líderes religiosos, creyentes y no creyentes a entablar un diálogo interreligioso.

¿Un concilio?, ¿otra iglesia?… Lo mejor es que el candidato se concentre en lo suyo. Lo de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana ya es tema superado.

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