EN MEMORIA DE CARLOS

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Estimado lector, permítame en esta ocasión cederle el espacio y la palabra al licenciado Aldo Preciado, un entrañable colaborador y compañero de hace muchos años en el diario Ocho Columnas. Fue un gran amigo de mi querido hermano Carlos quien falleció recientemente, y ha querido dedicarle unas líneas, las que por supuesto yo también suscribo.

ADIÓS AL AMIGO

Por Aldo Preciado Iñiguez

 

No es fácil escribir unas palabras sobre un personaje del tamaño de Carlos Leaño Reyes y menos aún, que cada quien lo interprete a su manera. Poner en palabras los sentimientos siempre ha sido complicado; expresar un afecto siempre será subjetivo, jamás podremos expresar con palabras lo que sentimos.

Pero podemos dar una idea de quién fue este personaje; que aún sin conocerlo, cualquier individuo pueda aquilatar la importancia de su trascendencia en vida y la pérdida sufrida por su lamentable fallecimiento. Por eso fue tan complicado escribir unas palabras sobre el amigo, alguien que marcó nuestra vida y que siempre permanecerá, aunque físicamente no esté más entre nosotros.

Me declaro absolutamente incompetente para escribir objetivamente unas líneas dedicadas a Carlos Leaño y su gran aporte en los diferentes ámbitos donde se desenvolvió a lo largo de su vida, trascendiendo en cada uno de ellos.

Carlos siempre fue una persona afable y con una gran calidad humana, misma que heredó y asimiló desde la cuna, de su apellido, comenzando con su padre y pasando por todos sus hermanos. Ayudó a mucha gente, pero jamás por interés de ningún tipo, siempre veló por los demás, siempre se dejó a él mismo para el último.

Quienes tuvimos la suerte de conocerlo, nos dimos cuenta de su sencillez y amabilidad, pero, sobre todo, de lo valioso de su palabra y de su amistad. No quiero llenar este humilde escrito de frases hechas o clichés, simplemente dar a conocer algunas de las características que hoy, cuando ya no está entre nosotros físicamente, hacen que lo extrañemos más y valoremos todo lo que hizo en vida.

Vivió la vida a su manera, pero vaya que la disfrutó apasionadamente. Los viajes, la comida, pero sobre todo el futbol. Fue un personaje único, que todos los días hacía algo diferente y que vivió su vida siempre diferente.

Carlos emanaba tranquilidad, paz interior, siempre elegante, tuvo amigos en todos los niveles y de todos se ganó el respeto y el cariño. No he escuchado un solo reproche de algún amigo o de gente que haya estado relacionada con él, nunca buscó el mal a nadie.

Su gran pasión fue el deporte, por supuesto que el futbol fue donde más se desarrolló. Tecolote hasta los huesos, recorrió todo el camino; de niño fue balonero y contaba aquella anécdota con Verderi (arquero del América) en aquel gol fantasma del que Carlos fue testigo. Y llegó a ser presidente de su amado equipo de Estudiantes Tecos y miembro de la Comisión de Selecciones Nacionales de la Federación Mexicana de Futbol.

Siempre con una sonrisa, practicó el futbol, el tenis, el golf, no lo hizo mal, pero sobre todo lo disfrutaba mucho, como todo lo que hacía. Por donde pasó, dejó huella. Se le va a extrañar y mucho…y si algo me quedó de compartir vivencias con él, es la filosofía de disfrutar cada día como si fuera el último.

Adiós amigo…hasta siempre.

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