EL SABER POLÍTICO Y LA FELICIDAD

MIRADOR

SALVADOR ECHEAGARAY

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Una persona que no tuvo la oportunidad de estudiar y cuando mucho llegó a tercer grado de primaria, ¿qué concepto tendrá de un político? Quizá le parezca alguien muy importante o, al revés, se topa con un funcionario y lo primero que hace es proteger su cartera. Ese nivel de conocimiento se llama “saber vulgar”. El término “vulgar” deriva del latín “vulgus” y significa gente común. Lo anterior es lo que denominamos gente de a pie, o la masa. El problema fue que con el transcurrir del tiempo la palabra “vulgar” tomó una acepción peyorativa y hoy en día, vulgar es sinónimo de corriente, lépero o grosero.

El siguiente nivel de conocimiento es el “saber científico”. Éste nos explica las cosas por causas inmediatas. Siguiendo con nuestro ejemplo, a nivel científico podríamos dar la definición de la palabra política, misma que viene del griego “polis” y significa ciudad. Por tanto, la política como actividad y ciencia es la administración y gobierno de la ciudad y por ende de los ciudadanos y sus bienes.

El saber filosófico es el nivel de conocimiento que sigue al saber científico. En este ámbito hablando de política, podemos decir que ésta, además de administrar y gobernar a los ciudadanos tiene como fin el bien común, que se pude decir que es la felicidad de los ciudadanos.

Y para que haya felicidad, tiene que haber en la “polis” orden e insumos suficientes para que todos los ciudadanos vivan en paz y contentos. Pocos pueden estar felices si en su ciudad o pueblo o comarca, están amenazados constantemente por el crimen organizado o desorganizado, como quieran llamarle.

Tampoco, nadie va a estar feliz y contento si no tiene trabajo, si no tiene dinero para acceder a sus necesarios alimentos, ni puede pagar los servicios que requiera según su nivel económico.

A la felicidad se le suele definir, como la suma de todos los bienes. Y si el individuo siempre anda necesitado de todo, porque no tiene trabajo o porque no le alcanza lo que gana, pues difícilmente va a estar feliz.

Pero, ¿ahí terminan todos los niveles del saber?  No. Falta el nivel, teológico. Este conocimiento es a través de lo que Dios ha revelado. Si Dios creó al hombre y éste se puede comunicar, cuánto más puede hacerlo Dios.

Así que, siguiendo nuestro ejemplo de la política, podemos analizarla desde muchos puntos de vista teológicos, como la responsabilidad que ante Dios tiene un gobernante. De él depende la felicidad de mucha gente, por lo menos mientras dure su gobierno. Ahí habría que preguntarles a muchos políticos si verdaderamente están contribuyendo a la felicidad de sus gobernados o sólo a la felicidad propia.

Por la experiencia que tenemos, muchos políticos acceden a cargos de elección popular para hacerse felices ellos mismos y creen que enriqueciéndose a manos llenas, alcanzarán tan anhelado estado de gozo.

Enriquecerse no está mal, pero debe ser una riqueza bien habida. Además, la riqueza debe compartirse. Dice el filósofo griego Aristóteles: “¿De qué le sirve al hombre tener bienes si no tiene amigos para compartirlos?”.

Este caso lo podemos extrapolar al político y a la polis. La riqueza o los bienes deben ser compartidos. No estamos hablando de que se regalen las cosas, pero sí de que el político y el gobernante vean la forma de que el ciudadano viva mejor.

Esperamos que el próximo gobierno se preocupe porque más ciudadanos gocen el bien común.

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