EL RITMO DE LOS JÓVENES

CRÓNICAS DE MANNÉ... MARIANNÉ VILLACORTA C.

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Tantas veces he estado sentada frente a esta computadora escribiendo acerca de lo que pasa en la sociedad, en ese mundo que parece ser regido por los adultos, y sin embargo posiciona un gran peso en los hombros de los jóvenes. Hoy voy a hablar sobre el miedo, ese que vive dentro de cada joven, aunque no lo parezca; ese que lleva a que el futuro del mundo penda de un hilo.

Comencemos hace algunos ayeres, cuando la responsabilidad y las expectativas de una persona menor a 25 años de clase media se limitaban a ir a la escuela, obtener excelentes calificaciones, soñar con una mejor vida, casarse y formar una familia.

Expectativas que a esa edad y ahora, son casi imposibles de cumplir. Estamos en un momento en el que la gente prefiere ignorar la cambiante situación para no darse cuenta de que cada vez el nivel de exigencia aumenta, dejando así que todos los sueños parezcan inalcanzables o hasta inútiles.

Y todavía tenemos el descaro de preguntamos por qué nos encontramos como estamos.

Cuando un adulto le pregunta a un niño qué quiere ser de grande, las respuestas son infinitas y sin límites, creadas por una imaginación que aún no está preparada para entender a qué mundo se enfrenta. Si ahorita volteas a tu alrededor y le preguntas al joven más cercano qué quiere hacer o ser en unos años, estoy segura que más de la mitad no podrían darte una respuesta. Y así vamos por la vida, sin camino, sin meta. Un grave problema para la sociedad, ¿no?

Les pongo un ejemplo, este es un mundo donde la mitad de los trastornos mentales en los adultos empezaron a originarse a los 14 años, la mayoría sin ser detectados o tratados. Y lo más importante: un mundo donde más de la mitad de los adolescentes a los 18 deben elegir qué carrera estudiar, sin tener idea cuál es la correcta, lo cual tendrá impacto en el resto de su vida. Imagínese las consecuencias de las decisiones que estos chavos están tomando. Y se trata de chavos que después encontraremos, algunos en el poder y otros criticando el ejercicio de ese poder.

Todo convertido en un círculo vicioso, al que se le puede sumar el hecho de que no importa la inseguridad en la carrera, deben estudiar más y más, ya que ahora no es suficiente contar con un título de licenciatura, maestría o cualquier otro posgrado, sino que la seguridad, tanto económica como social, depende del respaldo educativo que tengas, contemplando siempre la idea de que hay alguien muchos jóvenes más con tus mismos grados académicos que también peleará por demostrar que es el mejor.

Hablo por todos los chavos que ya están afuera de las universidades en busca de trabajo, de oportunidades; todos aquellos a los que día con día se les cierran puertas por falta de experiencia. Claro, nos encontramos en un momento de competencias donde las empresas piden experiencia, pero muy pocas toman el riesgo de contratar para darle al joven la experiencia que necesita.

Los adultos están tan preocupados pensando que va a llegar un joven a quitarle el empleo, sin pensar que la mayoría lo que quiere es aprender de ellos, de su camino ya recorrido. Sin la sinergia laboral de jóvenes y adultos, el futuro no ofrece mucho que digamos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el suicidio a causa de depresión es la segunda causa de muerte en el grupo de 15 a 29 años; depresión originada por factores sociales, psicológicos y biológicos, dentro de los cuales se pueden encontrar circunstancias como el desempleo. Otros muchos, dicen que 27 millones en México, viven resignados –y hasta felices—de ser “ninis”.

Es urgente encontrar una solución, además de que los jóvenes deben volver a soñar, a creer que aquello que imaginan es alcanzable, a que encuentren y manejen su propio ritmo.

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