EL RETO ES MANTENER LA ESTABILIDAD Y EL CRECIMIENTO

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Todo lo que pueda traer de bueno el gobierno de Andrés Manuel López Obrador a partir del próximo día 1 de diciembre, sea bienvenido.

Después de la elección del pasado 1 de julio, el candidato ganador y los personajes que por él mismo han sido anunciados como funcionarios de primer nivel para el sexenio 2018-2024, han dado a conocer proyectos de gran envergadura como por ejemplo el Tren Maya, la reconversión de seis refinerías y la construcción de dos más, la desconcentración geográfica del gobierno central, el programa de becas educativas y laborales para millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, el aumento al doble de los apoyos económicos a adultos mayores, etcétera.

Muchos analistas consideran que se han hecho demasiadas promesas y no todas se podrán cumplir. Incluso, hay quienes señalan que, a pesar de la gran difusión que se les ha dado a los proyectos, prevalece una sensación de incertidumbre en cuanto a las estrategias políticas y planes anunciados por la futura administración.

De acuerdo a una minuta del Banco de México, “la falta de detalles acerca de las acciones que tomará la nueva administración en diversos ámbitos, también acarrea riesgos para la evolución de la demanda interna en la segunda mitad de 2018 y en 2019”.

Durante la más reciente Reunión Monetaria del banco central, los banqueros que asisten y definen asuntos de trascendencia económica, como por ejemplo la tasa de interés, hicieron notar que, de acuerdo al volumen y costo de los proyectos anunciados, podría darse una modificación a la política fiscal por parte de las nuevas autoridades hacendarias, “así como el deterioro en las condiciones de acceso de nuestro país al comercio internacional”.

La minuta mencionada destaca “la incertidumbre respecto a las medidas necesarias para incrementar la productividad de la economía mexicana y la adecuada utilización de los factores productivos”.

Si se llegaran a confirmar riesgos al alza para la inflación en los próximos meses, no quedará más remedio que ajustar la política monetaria, lo cual generaría un ruido inconveniente en la economía nacional, que a lo largo de más de tres sexenios se ha mantenido dentro de parámetros muy razonables.

Parecería que el nuevo gobierno ha comenzado a gastar en forma desmedida, cuando la realidad es que sólo se han expresado ideas y planes muy generales. Incluso, el llamado insistente que ha hecho el próximo Presidente de la República es a la austeridad.

Conviene pues, que en el inicio del nuevo gobierno no se adopten medidas drásticas en materia social y económica: por el contrario, lo mejor es que las acciones oficiales estén encaminadas a garantizar la estabilidad, la baja inflación y el aumento del empleo. Es necesario que los mensajes que envíen las próximas autoridades den confianza a los mercados.

Hasta ahora, el proceso de transición va bien. Esperemos que así continúe, sin conflictos estériles, para mantener el crecimiento económicode México a pesar de las condiciones de inestabilidad que se privan a nivel internacional.

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