EL FUTURO DE MÉXICO

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Ya estamos a sólo unos días de la elección presidencial y a escasos meses del cambio de gobierno. Como cada seis años, los mexicanos esperamos estas fechas con la esperanza de que signifiquen un punto de arranque para mejorar, siempre para mejorar.

Atrás han quedado los recuerdos y experiencias de diferentes etapas en el devenir histórico de nuestra patria. No ha sido, lamentablemente, una historia constante de éxito; ha habido etapas verdaderamente críticas, algunas caracterizadas por guerras internas, miseria generalizada, pestes, falta de educación, sumisión a potencias extranjeras y otras calamidades. Pero también se han escrito páginas de gloria, tiempos de bonanza y cambios importantes para el desarrollo.

Al finalizar el primer tercio del siglo pasado, México entró en una espiral de desarrollo en varios órdenes, el político principalmente. Llegó por fin la estabilidad a la institución presidencial, facilitando con ello que comenzaran a producirse avances en otros campos, como el industrial, como el reconocimiento del país ante las naciones extranjeras, la educación, la salud y por supuesto, la economía.

Unos campos han avanzado más que otros; algunos alcanzan en nuestros días niveles que ni siquiera se sospechaban hace algunas décadas, como el turismo y el comercio exterior; otros permanecen estancados, tales como la justicia social y la desigualdad, y otros más se han deteriorado terriblemente, como por ejemplo la seguridad pública, que retrocedió prácticamente cien años. Hoy, los hechos de violencia hacen recordar los primeros años de la post revolución.

No todos los presidentes de México de los últimos ochenta años han sido exitosos; algunos enfrentaron crisis sociales y económicas que no pudieron solucionar; otros, por el contrario, han resultado ser verdaderamente brillantes.

El ejercicio de la Presidencia fue en otros tiempos muy amplio y dominante; hoy se ha acotado a consecuencia de la apertura democrática, el fortalecimiento de los otros poderes y el empoderamiento de la llamada “sociedad civil”. No obstante lo anterior, el Presidente de la República sigue desempeñando un papel primordial en la vida pública de México. Así, quien resulte elegido en la jornada electoral del próximo 1 de julio, deberá cargar sobre sus hombros todos los problemas actuales, aunque más tarde los vaya descargando entre sus más cercanos colaboradores.

¿Qué necesita México para los próximos seis años? Sin lugar a dudas, seguir transitando por un camino que privilegie el desarrollo y consolide la integración de nuestro país en el concierto mundial de naciones. Por supuesto, también deberá continuar la lucha contra la inseguridad, la corrupción, la desigualdad y la pobreza extrema.

Curiosamente, el lema del largo gobierno de don Porfirio sigue siendo tan vigente como lo era hace más de 120 años: “Orden y Progreso”, que traducido hoy como paz y desarrollo, sería una fórmula básica para aspirar, mediante el esfuerzo de todos los mexicanos, a ser cada día un país mejor.

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