EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

RAMÓN DURÓN RUIZ (1956-2016)

filosofo2006@prodigy.net.mx

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Una celebración más llena de mexicanidad es el Día de los Muertos, fecha en la que se olvidan los odios y los rencores quedan atrás. El mexicano hace juegos malabares con la vida y hasta con la muerte, los panteones se llenan con las flores multicolores del amor y del recuerdo.

Por todos lados destacan las coronas y los ramos de rosas, de cempoaxúchitl (flor de los 20 pétalos), gladiolas, margaritas, tulipanes, flores que como sol en plenitud, iluminan el recuerdo de nuestros seres idos; jubilosas como nuestras oraciones, plenas de vida como el amor a nuestros difuntos, flores con un dejo de tristeza y melancolía.

En 2003 la UNESCO reconoció la festividad indígena del Día de Muertos, como una Obra Maestra del Patrimonio Oral de la Humanidad: “Una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país”.

En esta celebración importante para los mexicanos, en canciones, narraciones tradicionales y cuentos populares aparece la muerte, la flaca, la parca, la fría, la huesuda, la calaca… quien nos hace reunirnos año con año. En el refranero mexicano podemos encontrar las siguientes consejas:

“Al fin que para morir nacimos”.

“A mí las calaveras me pelan los dientes”.

“Cayendo el muerto y soltando el llanto”.

“De limpios y tragones están llenos los panteones”.

“El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura”.

Pero la verdad es que cuando la “huesuda” viene a ajustarnos cuentas, no hay quien escape.

El ser humano, en todos los tiempos ha querido desentrañar el misterio de la muerte, y en vez de encontrar respuestas, surgen más interrogantes. No hemos entendido que la vida es el arte del encuentro… y la muerte también, porque ambas parten del amor y tienen la fuerza de la divinidad.

Cuando llega la muerte con su profunda cauda de dolor y de tristeza, es cuando entendemos que separación no es olvido y aprendemos que la rueda de la vida no se detiene, experimentando lo que es levantarse de las cenizas para seguir adelante.

Dentro de los miedos más arraigados del hombre está la muerte; podemos bromear sobre ella con los demás, pero no en carne propia. Si hacemos calaveras y vestimos a la muerte de colores, la caricaturizamos o nos reímos de ella, no es porque nos burlemos, es porque es una forma de quitarle poder y tener la posibilidad de acercarnos a ella.

El viejo Filósofo ama a la vida y respeta a la muerte, por eso dice:

“Pa’vida de morirse… hay que estar vivo”.

“Se está muriendo mucha gente… que no se había muerto antes”.

“Antes de morir… prefiero la muerte”.

“Señor mantenme vivo…hasta que me muera”.

Recuerda que sonreír es de sabios que entienden que sólo pasas por esta vida una sola vez, y como la Macarena: “dale a tu cuerpo alegría”. Una sonrisa, estimado lector, es precisamente lo que sacas día con día de La Agenda 2018 de El Filósofo de Güémez, que se ha convertido en un excelente regalo para estas fechas y que ya está a la venta en: filosofo2006@prodigy.net.mx, o en el Tel. (01)834 3144631.

Recordemos a Charles Chaplin quien decía: “Un día sin humor, es un día perdido”.

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Lo del humor me recuerda la ocasión aquella en la que con motivo de acercarse el Día de Muertos un psicoanalista llegó al café de Güémez y dirigiéndose al Filósofo se presenta con sus acompañantes, a la vez que les lanza una lapidaria pregunta:

— ¿Qué les gustaría a ustedes que la gente dijese frente a su ataúd el día que mueran?

— ¡Que fui el ganadero más exitoso y sabio que ha habido en la región! –respondió Simpliano.

— ¡Que fui el mejor maestro del que ha tenido memoria Güémez! –dijo Anacorito.

— ¡Que como yo ningún médico ha habido… ni habrá en esta tierra! –dijo el Dr. Roldán.

— Y a ti Filósofo, ¿Qué te gustaría que dijera? –preguntó el profesional de la conducta humana.

— Me gustaría que dijera: ¡Ahjijo de la tiznada, se está moviendo!”.

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