EL BOICOT COMO ARMA POLÍTICA

SARCASMOS... GUILLERMO FÁRBER

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Los partidarios de AMLO le declararon un boicot a la leche Lala, cuyo dueño se ha pronunciado anti lopezobradorista. Algunos de los partidarios de las otras opciones (anayistas, meadista, zavalistas o bronquistas) pusieron el grito en el cielo y denunciaron esa medida como dictatorial y antidemocrática. Mmmm, discrepo. En una democracia (y ese es uno de sus pecados) el boicot (dejar de comprar algo, una marca, un producto, una tienda) es unaarma legítimade quienes no están de acuerdo políticamente con algo o alguien. Yo recuerdo el boicot que en 1988 le declaró Manuel Clouthier a la Casa Domecq, principal patrocinadora de 24 Horas. El Tigre Azcárraga (fromallpeople) se dobló y tuvo que permitir que Memo Ochoa le diera espacio en su programa a mi paisano. O sea que si tú, querido lector, te dices demócrata, tienes que aceptar calladito la voz de las masas. De lo contrario, admites ser un tecnócrata-aristócrata (lo cual también es válido, pero hay que aclararlo).

AZULES Y ROJOS

En cuanto a colores políticos, acá en México los azules son los del PAN y los rojos son los del PRI. En EU la cosa es al revés: los azules son los demócratas-izquierdistas-liberales-globalistas-ateos-urbanos-cosmopolitas-sofisticados-vegetarianos-ecologistas-hillaristas, y los rojos son los republicanos-derechistas-conservadores-nacionalistas-religiosos-patriotas-rurales-rudimentarios-carnívoros-cazadores-trumpistas (la voz popular desdeñosa los conoce como “rednecks” y Hillary los llamó “deplorables”, desprecio que explica por qué perdió.

ANTICIPO HOLLYWOODENSE

Vimos en Netflix la película “¿Y Dónde están los Morgan?”, comedia romántica de suspenso de 2009, protagonizada por HughGrant y Sarah Jessica Parker, que encarnan a Paul y Meryl Morgan, una exitosa pareja de Manhattan (él abogado, ella vendedora de bienes raíces). La pareja está recientemente separada y al borde del divorcio. De pronto, accidentalmente, son testigos del asesinato de un cliente de Meryl (presunto traficante de armas). El asesino los ve, ellos lo ven a él, los tres saben que la otra parte los vio, y así se convierten en objetivos del asesino profesional.

Ambos neoyorquinos exitosos (rojos rojísimos) se ven obligados a entrar en el programa de protección de testigos del FBI, con nuevas identidades, y los vuelan de inmediato y en secreto al otro lado del país, a una pequeña ciudad del estado de Wyoming (el ficticio pueblo Ray), donde son albergados y protegidos por el sheriff local y su esposa, en su propia casa. Ahí chocan con un estilo azul-profundo de vivir-pensar-sentir-convivir-socializar (y de votar, aunque esto nunca se aborda directamente) diametralmente distinto al suyo. Etcétera.

La trama de esta peliculita es bastante predecible, de modo que no perderé tu tiempo contándotela. Lo importante es que retrata las dos formas recalcitrantes de existir de dos componentes extremos de la sociedad norteamericana. Las mismas dos formas extremas que están enardecidas desde hace décadas una contra otra, que midieron fuerzas en las elecciones de 2016, que supuestamente se dirigen hacia una nueeeeeeva guerra civil, y que están a punto de enfrentarse otra vez este año en los comicios de medio término por el control del Congreso.Ambas formas pueden parecernos a los mexicanos bastante extravagantes (por diferentes razones), pero no nos equivoquemos: son las dos caras del imperio que nos domina.

YELLOW-MELLOW

Esto está pasando desde siempre en muchos lugares, pero hoy el caso de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, está de moda. Una sequía feroz tiene a sus habitantes racionados a 50 litros diarios de agua por persona. Por eso tienen la regla “yellow-mellow” para los excusados: no le jales hasta que el agua pase de amarilla a cremosa.

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