EL AÑO DE DONALD TRUMP

DEL EDITOR… ALFREDO ARNOLD MORALES

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Durante la cumbre de la APEC que tuvo lugar recientemente en Vietnam, el presidente Donald Trump reiteró que su gobierno está abierto a negociar tratados comerciales con todos los países del mundo, pero sólo de forma bilateral. No va a firmar un tratado multilateral como el TPP, porque, entre muchas otras cosas que ha dicho antes, un acuerdo de ese tipo limita la soberanía de los Estados Unidos.

En eso tiene toda la razón.

Hace poco menos de veinte años, en las clases de Periodismo Económico, le hacía ver a mis alumnos las ventajas y desventajas de entrar a la entonces incipiente globalización. Una de las mayores desventajas sería la pérdida de autonomía del gobierno mexicano porque tendría que subordinarse a tribunales internacionales de comercio, a reglas extra terriotoriales de producción, a un nuevo marco de Derechos Humanos, etcétera.

Y así ocurrió, por ejemplo,con la modificación del artículo primero de la Constitución, la despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, los mal llamados derechos de los animales y otras cuestiones que nos impuso el nuevo orden global como condición para formar parte de los países desarrollados del mundo.

En cambio, Estados Unidos sigue sin reconocer las resoluciones o recomendaciones que provengan de organismos internacionales de Derechos Humanos. ¿La razón? No está dispuesto a que tribunales de países pequeños o pobres impongan criterios por encima de sus propias autoridades.

Trump dejó constancia en la cumbre de la APEC de que su pleito no es con México sino contra la globalización, de cuya expresión el TLCAN es uno de los mejores ejemplos.

A propósito, se cumplió un año del sorpresivo resultado de las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016. Fue en aquel momento cuando arreciaron las conjeturas apocalípticas para la economía mexicana.

¿Pero, qué ha ocurrido en realidad durante todo este tiempo en México?

La exportación de manufacturas creció 10%, la mayor expansión en seis años; la exportación de vehículos aumentó 12%; las exportaciones agrícolas se duplicaron y registran un récord histórico; las remesas provenientes de EU aumentarán 6% en comparación al año pasado, de acuerdo al pronóstico del Banco Mundial, y el TLC, con todo y sus bemoles, se sigue negociando.

(Quién sabe qué hubiera pasado con un triunfo de Hillary Clinton, puesto que ella tampoco estaba de acuerdo con este tratado ni con el TPP).

Tampoco se ha registrado una deportación masiva.

En cuanto a la economía norteamericana, no se queda atrás: creció 3.1% en los dos primeros trimestres del año.

¿Entonces, qué pues con Trump?

No quiero especular sobre el futuro, pero, por lo pronto nos ha ido mejor con él que con Obama.

Tuve el gusto de entrevistar a Larry Rubin, presidente de la Comunidad Norteamericana en México (la entrevista se publica en este número de POLÍTICA). Me dijo que hay una tendencia anti-Trump en los medios de comunicación de nuestro país. “Es normal, vende más hablar mal de alguien, y muchos se aprovechan de ello para hablar negativamente del Presidente, inclusive cuando hay cosas positivas qué reportar”.

¡Ah!, se me olvidaba lo principal, el muro fronterizo. Bueno, pues resulta que aún no se ha construido ni un centímetro, aunque el proyecto ahí va. Seguramente se han levantado más kilómetros de muros perimetrales en los cotos de Guadalajara, donde los guardias además exigen hasta la fe de bautismo para dejar pasar, que a lo largo de la frontera.

En resumen, en su participación en la cumbre de APEC, Trump fue congruente con lo que ha venido sosteniendo, y en cuanto a su primer año de elección, reitero que nos ha ido mejor (o menos peor) que con Obama.

Aunque, como decía Yogi Berra: Esto no se acaba, hasta que se acaba.

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