EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI

JOSÉ MANUEL VALIÑAS / EL ECONOMISTA

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¿Qué le vamos a enseñar a los niños y a los jóvenes si todo el conocimiento lo tendrán en sus bolsillos? ¿Les vamos a prohibir que saquen sus dispositivos en las clases, por miedo a que “copien” la información? Para el futurista RayKurzweil, eso es absurdo.

El que los estudiantes tengan en sus teléfonos todo el conocimiento (datos), en lugar de verse como algo negativo, debe visualizarse como algo eminentemente positivo. “De esa forma podrán enfocarse mucho más en aprender a interactuar con el mundo que los rodea, y eventualmente cambiarlo”, dice Kurzweil, quien sostiene que ese debe ser el objetivo primordial de la educación. “El conocimiento que llevan se volverá cada vez más rico y estará íntimamente integrado en sus vidas”, afirma el autor de libros como La era de las máquinas inteligentes y La era de las máquinas espirituales, y quien ha hecho predicciones asombrosas, que se han cumplido.

Kurzweil es también director de ingeniería en Google y fundador de la SingularityUniversity, en Silicon Valley. Precisamente en pocos días tendremos en México la cumbre anual de esta universidad, el SingularityUniversity Summit, en Puerto Vallarta, y algunos de los más grandes gurúes de la educación (y muchos otros temas que tienen que ver con el “futuro de abundancia” predicho por Peter Diamandis), van a estar presentes. Uno de ellos es TaddyBlecher, quien ha revolucionado el sistema educativo sudafricano.

El futuro de la educación estará necesariamente ligado a la tecnología. Simplemente pensemos en la realidad virtual, que aún está en pañales, debido a que, a pesar de que podemos tener experiencias inmersivas de cómo se vivía, por ejemplo, en el imperio romano, el cerebro aún sabe que eso no es real. Con la llegada del 5G se llegará a algo conocido como el fotorrealismo total, cuando el cerebro ya no sabrá que lo que está experimentando es irreal. Ese simple hecho hará que cambien muchos programas educativos. Lo mismo las plataformas como Coursera o EdEx, que hoy ya son una realidad pero que se consolidarán mucho más. O el hecho de que cualquier persona a partir de los 8 años podrá interactuar con robots y sistemas de Inteligencia Artificial que aportarán ingentes cantidades de contenidos.

Esto es inevitable y cambiará la forma en que los chicos se educan, pero Blecher llama a algo todavía más revolucionario: volver a lo básico. “Dado que los datos ya son un commodity, “se trata también de ofrecer disciplina, apoyo, amor y atención”, apunta.

Los abuelos de TaddyBlecher habían llegado de Letonia con lo puesto, luego de huir de la persecución nazi. Eran tan pobres que al padre de Taddy lo tuvieron que dar en adopción (conoció a sus padres y hermanos hasta la edad de ocho años). Taddy fue el menor de tres hermanos y le tocaba usar la ropa de ellos, casi siempre con agujeros. No fue sino hasta la edad adulta cuando supo por qué vivían en esa situación. Su padre decidió que la educación era la única manera de salir adelante, así que, trabajando dobles jornadas, se pagó sus estudios, que eran muy caros en ese entonces, pues en Sudáfrica no había escuelas públicas, por el régimen del apartheid. No sólo se graduó como médico, sino que educó con su trabajo a sus hermanos y a sus hijos; incluso a sus primos; y cuando ya ejercía medicina, lo hizo con sus enfermeras y asistentes. En total, pagó la educación media y universitaria de 34 personas.

El resultado, afirma Blecher, es que todos ellos salieron de la pobreza. “El apartheid enseñaba que algunas personas valen menos que otras y que no tenían la misma inteligencia”, recuerda, sosteniendo que eso aún se encuentra en el inconsciente de muchas personas. Él quiso probar lo contrario y creó seis universidades, las primeras gratuitas en Sudáfrica, y una escuela de emprendedores patrocinada por Richard Branson. Abandonó su proyecto de emigrar a Estados Unidos, donde le esperaba un puesto directivo y un muy alto nivel de vida, y se entregó a este proyecto. Dado que las universidades de élite en el mundo sólo aceptan a los superdotados… él decidió aceptar a los más excluidos.

En Sudáfrica, solo uno de cada seis jóvenes encuentra trabajo. Quienes lo logran, viven con menos de 2 dólares al mes, y hay 7 millones de jóvenes que no tienen nada qué hacer con sus vidas. A sus aulas llegaron chicos que no tenían conocimientos académicos, a pesar de haber pasado por la preparatoria. El 66% de los inscritos llegaban con trastorno de estrés postraumático, por los niveles de violencia que se viven en las zonas marginales en ese país, y el 40% con depresión crónica. Después de seis meses estaban todos libres de ello.

Lo que hacen en sus universidades, además del currículum académico, es ir de campamento, para tener contacto directo con la naturaleza, practicar yoga, meditación y deporte. “Se trata de atender sus corazones y mentes, fortalecer la autoestima y la autoconfianza, de adentro hacia afuera, no de afuera hacia adentro”. Además de inspirarlos para que puedan visualizar una vida completamente distinta a la que han tenido hasta ese entonces. “La inspiración es esencial”, asegura.

Ayudándolos a realmente sanar por dentro, logró lo que nunca había sucedido. Uno de los bancos más importantes del país, Absa, ahora emplea a decenas de graduados de las universidades públicas, las fundadas por Blecher. Casi todos tienen puestos directivos. Fanático de las estadísticas, Blecher hizo la suma de sus salarios, y los tasaba en 2018 en un rango entre 35,000 y 75,000 dólares anuales. En empresas como Accenture, a las que es muy difícil ingresar por su red global de competencia, han entrado a trabajar 180 de sus graduados. Uno de ellos ganó la competencia mundial en Cisco, lo que nunca había logrado un sudafricano.

Cita el caso de Soso Motloung, una chica que cuando llegó a su instituto, en Johannesburgo, nunca había tocado una computadora. Ahora es directora de redes de ingeniería en Cisco. De sus aulas (que siguen sin tener financiamiento público) han egresado 18,500 alumnos, que actualmente mantienen a 150,000 familiares con sus empleos.

El sistema debe moverse de la impartición de contenidos (“no hay nada que no esté ya gratis en la red”) hacia las habilidades, la metacognición y lo que él llama “conciencia elevada”. Hacerlos que pasen de consumidores a creadores.

Otra de las expertas habituales en las cumbres de Singularity es Esther Wojcicki, creadora del modelo Moonshot, en Palo Alto, California, y que se basa también en los valores humanos, en el respeto a los jóvenes y en impulsarlos a aprender lo que les guste con mentorías, no con dictados desde la cátedra. Es así como llegó a la conclusión de que una de las habilidades más importantes que se le pueden enseñar a cualquier joven es el periodismo. ¿Por qué? Si los jóvenes crean revistas, sitios web o apps de los temas que les apasionan, aprenderán no sólo a investigar a fondo, a reconocer las noticias falsas de las reales y a disciplinarse con el trabajo en equipo y los tiempos de entrega, sino a tomar partido por causas que pueden crear impactos positivos en las comunidades. La tecnología traerá cambios asombrosos, sí, pero la educación deberá basarse en lo que siempre ha humanizado a las personas.

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