EDUCACIÓN A DISTANCIA, ¿EFECTIVA O SIMULACRO?

POR JUAN CARLOS HERNÁNDEZ A.

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Con la tremenda y desventurada paliza que nos está parando la pandemia desde hace más de cuatro meses, es notorio que al cierre del ciclo escolar los padres de familia de niños de educación básica, hemos quedado exhaustos con la instalación de nuestra “escuela virtual en casa” en donde asumimos a cabalidad la función de co-profesor; hemos sido los encargados de reprenderlos por cuando no ponen atención a su clase virtual, de controlar su “Quédate en casa”, sin recreo y ayudarlos en sus tareas. Mínimo, cuatro horas diarias frente a la computadora o la tablet, escuchando la transmisión de sus profesores. Los jóvenes de preparatoria y los universitarios, como sea son más independientes, aunque no dejan de necesitar cierta supervisión paternal.

Hoy mismo, no tenemos del todo claro por parte de las autoridades, si volveremos a repetir la tarea a partir del próximo día 17 de agosto, fecha contemplada para el inicio del nuevo ciclo escolar. Por lo pronto, ya hay quejas muy asiduas y válidas de mamás y papás a quienes se les dificulta o de plano no quieren hacerla de maestros en casa.

Al mismo tiempo, se preguntan qué tan efectivo es sentar a sus hijos frente a una computadora o cualquier dispositivo electrónico de comunicación, para que reciba clases no presenciales, sin participación, a veces sin interés de parte de los alumnos, pues estando en casa y no en la escuela tienen más distractores, y así, menos le ponen ganas al estudio. Ese es el asunto.

¿Será que sólo estamos haciendo un simulacro educativo?

Nada sencillo resulta instalar todo lo que piden para hacer una “aula virtual”. Esto se acentúa cuando hay más de un niño en casa.

Algunos colegios particulares harán descuentos de 10 y hasta el 25 por ciento en las colegiaturas, otros ofrecen planes de financiamiento, lo cual es bueno para aligerar la carga económica de los padres de familia. Por lo pronto, también habrá algunos al no necesitarse los uniformes y el transporte. Pero lo que más debe importar es la calidad educativa que están recibiendo las chicas y chicos y de cualquier nivel escolar; no todos los padres de familia tienen los conocimientos, habilidad y paciencia para la educación escolar, aunque sí debemos ejercer la obligación de educar a nuestros hijos en el ámbito más amplio, formarlos como personas de bien.

A los profesores, la tecnología sólo lo acercan al cumplimiento de su tarea, pero con la distancia de por medio no se les puede exigir la calidad que normalmente desarrollan en el aula.

Es urgente organizar el regreso de los estudiantes a las escuelas, para lo cual se pueden diseñar distintas estrategias, como, por ejemplo, alternar los días de clases presenciales para no saturar los espacios físicos. Los padres de familia necesitan un respiro y dedicar tiempo a otras actividades que quizá han descuidado durante este tiempo de emergencia.

Las escuelas, los padres de familia y las autoridades deben trabajar en conjunto para encontrar la mejor alternativa y el justo equilibrio entre la prioridad que es la seguridad sanitaria y el avance escolar tan necesario para la niñez y juventud de nuestro México.

Ánimo, fe y fortaleza, que ésta situación no será para toda la vida. Hagamos de la educación algo efectivo y y no un simulacro. Seamos proactivos y atendamos la parte que nos corresponde.

*El autor es maestrante en Gestión Social y Políticas Públicas.

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