“DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA”

MIRADOR... SALVADOR ECHEAGARAY

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Desde que era pequeño leía, casi todos los días, un letrero grande que colgaba de las paredes de un abandonado hospital. Este nosocomio, se encontraba frente al mar, en un lugar privilegiado. Ignoro qué será de él. No creo que siga tal cual. Mientras viví en la llamada Perla del Pacífico lo vi ocupado por seudo estudiantes. Ellos habían tomado ese centro de salud. Desde entonces ahí lanzaban sus consignas y cada cierto tiempo, algo celebraban.

No obstante que nuestros padres nos advertían a mí y unos amigos de que no nos acercáramos a ellos, alguna vez nos ganó la curiosidad.

-¿Dónde viven?- Nos preguntó un barbón, que para nuestra edad, escasos 10 años, nos parecía más viejo que Matusalén.

-Ustedes son burguesitos. ¡Qué buenas bicis traen!-.

De seguro les preguntamos qué hacían ahí. No recuerdo qué nos dijeron. Pronto nos fuimos, aunque cabe aclarar que ni nos agredieron ni nada.

Más tarde les pregunté a mis papás, quiénes eran esos muchachos. -Son comunistas-, me respondieron. Creo que fue la primera vez que escuché ese término.

Pasó el tiempo, siguió uno creciendo. En quinto de primaria, creo, estudiamos los fenómenos históricos de la Revolución Industrial y el nacimiento de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. No fue hasta que ya en la carrera de periodismo, en las clases de historia precisamente, se aclararon los términos totalmente. Ahí aprendí quién fue Carlos Marx, digamos que la cara visible de la ideología comunista. Esta corriente de pensamiento, tenga o no fines probos o torcidos, supuestamente se contraponía al Capitalismo. Hoy sabemos que Capitalismo y Comunismo son las dos caras de una misma moneda. Al final de cuentas ambas corrientes sociales buscan subvertir el orden natural en que una comunidad debe desarrollarse.

El Comunismo y sus bastardos: el socialismo y el populismo. El Capitalismo y su hijastra: la democracia, junto con las tiranías minoritarias de grupos ideológicos que buscan imponer sus modus vivendi, a veces poco o muy distorsionados, con respecto a las mayorías.

Y respecto al letrero grande que colgaba de los muros del hospital arruinado, hoy lo recuerdo bien, decía: “Dos de octubre, no se olvida”.

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