DOS AÑOS DE 4-T

POR RUBÉN ÍÑIGUEZ

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Lo que los ciudadanos comunes consideramos errores, en el mundo presidencial son aciertos. Cada semana agrega tantos que hacen que se pierda la cuenta.

Desapasionadamente, el panorama no es alentador ya que el propio Presidente reconoció que en economía no vamos bien, que la pandemia también ha sido un serio problema, además de admitir que ya tocamos fondo y que, a partir de eso, comenzará el crecimiento. El detalle es que eso prometió desde el su primer año en el ejercicio del poder.

El FMI le ya puso un número al pronóstico de la caída mexicana. Será de 10.5%. Coinciden totalmente con otras instituciones, como BBVA y City Banamex. Hasta el Embajador de los Estados Unidos, Christopher Landau, realizó un comentario de lo evidente: “México ha dejado de ser atractivo y seguro para la inversión extranjera”. El diplomático estadounidense, al observar el efecto de sus palabras en una reunión virtual de la Concamin dijo que “México da señales desalentadoras para la inversión extranjera, sobre todo en energía” luego aclaró que se refería a la incertidumbre que rodea las inversiones y al constante cambio de reglas constantes, que espanta a cualquier inversionista. “Son cosas muy desalentadoras”, afirmó.

La posición presidencial es otra: “No importa, yo estoy muy optimista”.

Los problemas se encadenan, vienen uso tras otros, se suman. El huracán Cristóbal llegó afectando entidades de la costa del golfo, como Veracruz y Tabasco, aunado al sismo que sacudió duramente a Oaxaca, entidades favoritas del presidente Andrés Manuel. Sin embargo, nunca llegó la ayuda federal, los gobiernos estatales se quedaron esperando la declaración de zona de desastre, y sobre todo la ayuda federal del FONDEN que se aplicaba para los damnificados por desastres naturales. De ello, nada hizo el Gobierno del presidente López Obrador, más que aferrarse a continuar con el proyecto de la refinería de Dos Bocas y el tren Maya.

La cancelación de proyectos importantes este sexenio han sido frecuentes, comenzó con el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, siguió con la destrucción del sistema de salud, el Seguro Popular; canceló la inversión de ConstellationBrands en Baja California, se sumó al bloqueo de los sistemas de generación de energía eólica que no contamina, optando por combustóleo o carbón. Algunos analistas estiman que sus caprichos han costado más de 500 mil millones de pesos, según datos de especialistas y publicado en distintos medios de comunicación, aunque puede que la cifra sea mayor.

Esto hunde a la nación, que adicionalmente vive la peor crisis de seguridad en su historia.

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