DEL TUCOM A LAS ALIANZAS PARA 2018

REFLEXIONES... GONZALO LEAÑO REYES

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Roberto Madrazo Pintado, exgobernador de Tabasco, expresidente nacional del PRI e hijo de Carlos Madrazo Becerra quien fue uno de los políticos más influyentes de su época y falleció trágicamente en el avionazo de Monterrey en 1969, quiso ser candidato presidencial en 2000 pero la designación se inclinó a favor de Francisco Labastida Ochoa.

Lo intentó seis años después, cuando había un nutrido grupo de aspirantes priistas que pretendían recuperar el poder perdido frente al PAN en la persona de Vicente Fox. Entre ellos, destacaban Elba Esther Gordillo, Tomás Yerrington, Enrique Jackson y Arturo Montiel. Esta vez sí tuvo éxito el tabasqueño al ser designado por el PRI como su abanderado para las elecciones federales del 2 de julio de 2006. Pero su triunfo en las elecciones internas fue efímero ya que Madrazo perdió la elección presidencial en forma contundente al dividirse el voto de los ciudadanos entre dos personajes: el panista Felipe Calderón que a la postre ganó por una diferencia marginal, y el perredista Andrés Manuel López Obrador.

La campaña electoral previa a esa elección se centró en un objetivo: evitar el regreso del PRI a la Presidencia mediante la descalificación de su candidato. Así, se instrumentó un movimiento denominado TUCOM (Todos unidos contra Madrazo) que, si bien se le atribuyó a los partidos rivales, tuvo un gran componente de “fuego amigo”.

Hoy estamos ante un escenario político más o menos análogo: los partidos de oposición analizan la posibilidad de formar alianzas con un solo fin que es evitar la permanencia del PRI en la Presidencia por un sexenio más. Por su parte, el PRI y otros partidos, incluso de oposición, también quieren impedir a toda costa la llegada a Los Pinos de López Obrador.

Se entiende que estamos ante una situación muy compleja, pero además absurda por cuanto dos partidos definitivamente antagónicos desde su origen, PAN y PRD, quieren aliarse sin tener un programa nacional qué ofrecer a los ciudadanos.

En este contexto, el PRI está demostrando que aprendió la lección de 2006, y a diferencia de hacer una guerra interna entre sus muchos aspirantes a la candidatura, trabajan con disciplina y unidad. Es verdad que no desaprovechan ocasión para autopromocionarse, pero frente a la opinión pública siguen siendo leales colaboradores del presidente Peña Nieto y fieles a los lineamientos de su partido.

Recientemente, la secretaria general del PRI, Claudia Ruiz Massieu, señaló que “el PRI del siglo XXI busca abanderar las nuevas causas ciudadanas, pero también retomar las agendas pendientes”. Habló de un partido renovado, “que se prepara para seguir siendo el partido popular, modernizador y mayoritario de México. Éste es un PRI que se reencuentra con sus bases: a partir de la cercanía, de escucharlas, y abrirles espacios de participación”.

Por su parte, Enrique Ochoa Reza, presidente nacional del tricolor, dijo que, de cara a la próxima Asamblea Nacional, han hecho una revisión de los avances en materia económica, de generación de empleos y de una construcción de futuro a partir de las políticas que ha impulsado el gobierno de Peña Nieto.“Y ciertamente vimos también los resultados de las más recientes encuestas, que señalan que el PRI está a la cabeza en la competencia del 2018 como partido político y con sus aliados, con los que hemos tenido coincidencias ideológicas de manera constante”.

Dentro de unas semanas habrán de concretarse las alianzas definitivas entre partidos y quiénes serán los candidatos para las elecciones federales –y estatales en varias entidades, entre ellas Jalisco–. Como ciudadanos, lo menos que les podemos pedir a los partidos es que aprovechen este tiempo para elaborar proyectos y analizar con lupa a sus precandidatos. Más que mostrar músculo para ganar “a fuerzas”, deberán convencer a los ciudadanos con propuestas pertinentes y candidatos respetables.

Eso esperamos de los partidos, ni más ni menos.

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