CON O SIN MEDALLAS, PREMIOS PARA TODOS

POR ALFREDO ARNOLD

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La exitosa participación de la delegación mexicana en los recientes Juegos Panamericanos de Lima 2019, más allá del análisis propiamente deportivo que no es el propósito de esta columna, deja algunas ideas para reflexionar:

  1. El resultado en conjunto fue histórico: tercer lugar general, sólo detrás de Estados Unidos y Brasil, y una cosecha de 136 medallas, de las cuales 37 fueron de oro, 36 de plata y 63 de bronce.

Las expectativas no eran óptimas, lo cual le dio más mérito al resultado final.

  1. El Gobierno y particularmente la Comisión Nacional del Deporte (Conade) que encabeza Ana Gabriela Guevara han mantenido una relación fría y alejada de las federaciones deportivas desde antes de los Juegos de Lima. Sin embargo, a resultas del inesperado éxito, el Presidente ofreció recompensar a cada uno de los miembros de la delegación con una beca mensual de 20 mil pesos, pero exhibidos por adelantado en sendos depósitos de 240 mil pesos para cada quien. En total, fueron más de 220 millones de pesos, que por no haber estado presupuestados salieron, en buena parte, del remate de una residencia confiscada y que adquirió el empresario Carlos Bremer, cuya disposición para apoyar el deporte y a los jóvenes emprendedores es bien conocida.
  2. La respuesta del Gobierno, si bien fue en beneficio de los deportistas y eso es bueno, adoleció no sólo de falta de planeación sino además de lógica o de sentido común, ya que se premió por parejo, sin un análisis técnico imprescindible para determinar quiénes triunfaron y quiénes fracasaron en los Juegos Panamericanos. Porque hubo fracasos, de eso no hay duda.
  3. Fracasaron los deportes de equipo: por ejemplo, el basquetbol, penúltimo lugar; el futbol, tercer lugar, debajo de Honduras; el voleibol, hockey, softbol femenil y rugby se fueron inéditos. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre ganar y perder? ¿O será que prevaleció el viejo lema de Pierre de Coubertin: “Lo importante no es ganar, sino competir?”… Seguramente, la idea de premiar a todos se debió a una improvisación de la que el gobierno calculó obtener una ganancia política. Ojalá que esto no marque un precedente para futuras competencias internacionales.
  4. Va un ejemplo de la inequidad del reparto parejo que hizo el gobierno: La cantidad de plazas individuales que ocuparon los deportes de equipo supera las 130 y, entre todos, algunos que incluso ni siquiera entraron a jugar, ganaron apenas una medalla de bronce en futbol; muy lejos, lejísimos de las tres preseas de oro que obtuvo la raquetbolista potosina Paola Longoria. Es cierto que a veces una gran preparación sumada a un esfuerzo extraordinario del atleta, no alcanzan para ganar siquiera un tercer lugar en competencias internacionales, pero no es el caso de decenas de deportistas mexicanos que sin hacer nada extraordinario en Lima se rayaron con 240 mil pesos. No es culpa de ellos.

Una pregunta: ¿Fue idea de Ana Guevara premiar de esta forma oportunista y populista a los deportistas, en lugar de hacer un análisis serio de los resultados buenos y malos de la delegación?

Se acercan los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Ojalá que pronto tengamos políticas públicas claras y congruentes en el deporte, en lugar de ocurrencias, aunque estas sean populares y simpáticas.

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