CAÍDA DE LA POPULARIDAD

POR JOSÉ BUENDÍA HEGEWISCH

0
66

Excélsior / El presidente López Obrador está en el momento de mayor presión y se mueve sin asentarse en su lugar ante las protestas de mujeres y la pérdida de popularidad. Las reacciones erráticas pueden ser transitorias, como las fotografías de los sondeos que descolocan el estado de ánimo y las respuestas del gobernante. Pero la caída de la aprobación presidencial, en su caso, revela una creciente disociación entre la confianza hacia el mandatario y los resultados tambaleantes de sus programas de gobierno.

Es decir, el aumento de 6 puntos —promedio— de la desaprobación muestra que el bono de legitimidad de las urnas y el alto nivel de aceptación en su primer año pierden vigor poco a poco para pertrechar su liderazgo de malas decisiones, omisiones o de la ineficacia de acciones gubernamentales. López Obrador ha reconocido “desgaste” en su gobierno ante el revés de las encuestas, pero lo considera como algo natural que afecta a cualquiera en el poder, como alguna vez dijera el sempiterno primer ministro italiano Giulio Andreotti, porque, simplemente, “el poder desgasta, pero más no tenerlo”. Le afecta uno y otro supuesto, principalmente por la menor eficacia de sus palabras para producir efectos sobre una realidad que no se doblega ante el discurso. El Presidente aún mantiene el respaldo de la mayoría de los mexicanos, pero las sensibles bajas en una batería de encuestas divulgadas en los últimos días (Buendia&Laredo, Mitofsky o Reforma) pone luz de alerta sobre la erosión de la medalla electoral o, en todo caso, que ya no puede canjear ese bono por falta de resultados en las áreas que más preocupan a la ciudadanía, como la inseguridad o la salud. Y que ya tampoco podrá seguir usando más veces esa tarjeta sin pagar el costo de posiciones reprobadas por la ciudadanía, por ejemplo, las protestas de mujeres por la violencia de género.

En efecto, los datos indican que el discurso presidencial pierde fuerza entre dos de los públicos que habían apuntalado su popularidad hasta niveles históricos en los últimos 30 años, cuando llegó a rozar el 80% de apoyo en el arranque de su administración, desde el 53% de los votos con que ganó en 2018. La lucha por la narrativa del cambio que caló hondo en jóvenes y mujeres se debilita por erráticas respuestas del mandatario al reclamo contra la violencia de género y juegos de feria que poco dicen a dos poblaciones particularmente vulnerables y precarizadas, como la rifa del avión presidencial.

Según Buendía&Laredo, el Presidente ha perdido empuje entre los mexicanos con estudios universitarios —de 68%, en agosto de 2019, a 43% en febrero—. Mientras que Mitofsky indica que la caída más pronunciada de su popularidad en los primeros dos meses de 2020 fue de 3 y de 6 puntos, entre mujeres y de jóvenes menores de 30 años, respectivamente.

Los números son un indicador del agotamiento de recursos retóricos para esquivar las exigencias de rendición de cuentas con notable esgrima verbal que lo caracteriza en el control de daños y para defender que sus diagnósticos y banderas no están equivocadas. De nueva cuenta, la explicación de los resultados de los sondeos por “enfrentar a conservadores corruptos” ya no parece alcanzar para disipar la desconfianza e incertidumbre que vuelve a crecer en la percepción de la gente ante errores políticos, como iniciar la rifa del avión el día del paro de mujeres del 9-M, en una tácita provocación a la que se vio obligado a dar marcha atrás o incluso su visible enojo a críticas y reclamos por ineficiencias administrativas, como la escasez de medicinas o entrega de programas sociales en Tabasco.

La popularidad del Presidente ha estado íntimamente ligada al dominio de la narrativa del cambio, pero los malos resultados de sus respuestas indican que pierde vigor en el principal terreno de la lucha política. Las críticas y cuestionamientos de adversarios han recobrado la capacidad de perforar el discurso presidencial, a pesar de que la oposición política sigue sin encontrar su lugar en la partida. Pero, paradójicamente, han sido los abusos del discurso y sus malas respuestas las que mayor daño han hecho a su popularidad.

Dejar respuesta