BUENA SUERTE. RAMÓN DURÓN RUÍZ (1956-2016) EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

0
98

Cuenta una historia que un viejo –y por viejo, sabio– se paró ante un público y contó un chiste, todos se rieron con agrado. Al cabo de un rato contó el mismo chiste y casi nadie se río; una y otra vez volvió a contar el mismo chiste, hasta que nadie se reía. Fue entonces cuando lleno de la sapiencia que dan los años y la vida dijo: “Si no pueden reírse varias veces de una sola cosa, ¿por qué lloran y sufren por lo mismo una y otra vez?”.
La moraleja es formidable: recuerda que no llegaste a esta vida para quejarte y sufrir, tu tarea es la de ser feliz; y la felicidad no tiene atajos, se encuentra en tu interior. San Agustín al momento de morir dijo: “Toda mi vida busqué a Dios fuera, y estaba dentro de mí”.
Hoy es el día para que desprogrames tu mente de privaciones y dolor, de enfermedades y sufrimiento y tengas la generosidad de reprogramarte para el amor, el bienestar, la felicidad y para una vida en armonía, sabiendo que Dios puso a un ser humano a tu cargo y ese eres tú mismo. Es a ti a quien debes hacer libre y feliz.
Una cosa debe quedarte bien clara: en plena modernidad, rápido no significa mejor, y que muchas veces por ir a la carrera dejas de lado gozar y disfrutar el paisaje, y con ello los mejores instantes de la vida.
No olvides que el dolor y la enfermedad, como los problemas, muchas veces son pequeños males que te dejan lecciones y muchos bienes. Joseph Cossman dice: “Los obstáculos son esas cosas que las personas ven cuando dejan de mirar sus metas”.
Recuerda que no hay receta mágica para que les vaya bien a todos, pero una cosa es bien cierta, la vida funciona mejor cuando trabajas de buena fe, con perseverancia, entusiasmo, alegría, inteligencia, cuando omites criticar y aplicas la terapia del elogio y gozas de un carácter siempre receptivo, para aprender, para dar, perdonar y amar. ¡Ah!, y no debes olvidar que la vida siempre provee un pequeño elemento adicional a quienes van a su encuentro… una pizca de buenaventura.
La mente humana es extraordinaria, cuando utilizas todo su poder a tu favor atrae a tu vida el éxito, la felicidad y la armonía; en cierta forma, la buena suerte.
Buena suerte es que sepas leer, mientras más de 700 millones de seres humanos son analfabetas.
Buena suerte es que puedas comprar el periódico y tengas dinero en el banco o en tu bolsa, porque estás entre el 10% de los hombres ricos del planeta. Buena suerte es que hoy te hayas levantado con salud, mientras que a millones de seres humanos la vida se les va de la mano.
Buena suerte es que en tu vida haya techo y pan en tu mesa, mientras millones de seres humanos viven en el flagelo de la miseria humana.
Buena suerte es que recuerdes que en la vida no tienes nada que perder sino todo que ganar. Buena suerte es que te grabes a piedra y lodo que cruzas por esta vida solamente una vez, así que no te des tiempo para el odio, el resentimiento, el rencor o el miedo; intenta volar, arriésgate, trabaja con amor y alegría en tu evolución y crecimiento. Asiste hoy a la fiesta de la vida como lo que eres: un ganador, y si puedes caminar, mejor vuela.
Buena suerte es que sepas (lo que muchos ignoran), que al estar bien contigo mismo, tu vida atrae milagros, y que el amor, la alegría y el buen sentido del humor producen micro reparadores que fortalecen tu sistema inmunológico, traen salud, prosperidad y bienestar a tu vida.


A propósito de buena suerte y del buen sentido del humor, en el pueblo, después de 60 años de casado, muere don Anacorito. Al poco tiempo muere su esposa doña Revoltufia. Ambos van directo al cielo. Allí, ella busca desaforadamente a quien fue su marido durante 60 años y corriendo hasta donde él se encuentra, lo abraza, lo besa, le hace infinidad de caricias y le dice: — ¡Viejooooo! ¡Qué buena suerte encontrarnos nuevamente! — ¡No me ‘inges! –responde él–, el trato fue: ¡Hasta que la muerte nos separe!

Dejar respuesta