ANGUSTIA DE APIE

MIRADOR... SALVADOR ECHEAGARAY

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¿Ya está tranquilo, estimado lector, con los planes de austeridad del próximo régimen?

¿O quizá está menos estresado porque se van a descentralizar algunas secretarías de gobierno?

¿O porque los funcionarios del próximo sexenio van a ganar menos?

Pero, para usted y para mí, para los llamados “gente de a pie” (como si los demás volaran), ¡qué nos va! A nosotros nos interesa llevar qué comer a nuestras casas. Llevar pa’l chivo, que no es precisamente una especie de cabrito, sino que el vocablo en latín cibus, que se pronuncia chibus, significa alimento. Llevar pa’l chivo es llevar para el alimento.

A nosotros nos interesa, además, que nuestros hijos cuando salgan a la calle regresen con bien, que no les toque una balacera en la calle, que no tengan que tirarse pecho a tierra como les sucedió a algunos que pasaban por el lugar de la avenida Chapultepec cuando agredieron al ex secretario del Trabajo, Luis Carlos Nájera.

Y es que todas esas situaciones provocan angustia. Uno de los filósofos que escribió mucho sobre este humano sentimiento fue Soren Kierkergaard. Fue un pensador de origen danés y se le considera fundador de la corriente filosófica llamada existencialismo.

Kierkergaard explora en sus obras la angustia, que muchas veces puede parecer patológica, pero que en nuestra vida cotidiana es el resultado de la realidad en que vivimos.

Sin duda para combatir esta angustia que nos causa el oír y ver tantas noticias de asesinatos, desaparecidos, plagiados, secuestrados, etcétera, es necesario guardar medidas de seguridad ad hoc. Salir de casa, mirar para todos lados, no traer cosas de valor que llamen la atención de malandrines, subir el cristal en los semáforos, si andas a pie o en transporte público ponerte la cartera en la bolsa del frente del pantalón y, sobre todo, como decía Kierkergaard, encomendarte a Dios para que te vaya bien.

A ver si este nuevo gobierno nos libera un tanto de la angustia, pues varias veces repitió AMLO en su campaña que seríamos felices si él ganaba.

Aunque si bien cabe señalar que la felicidad es cosa individual, mucho ayuda que la sociedad esté bien ordenada y es aquí donde el gobierno tiene mucho que ver, pues el bien común es la felicidad de todos, máxime de los de a pie.

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