AMLO Y LOS PERIODISTAS

POR ALFREDO ARNOLD

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En 1974 se realizó en Kinshasa, capital de lo que entonces se conocía como Zaire y que es hoy la República del Congo, la “Pelea del siglo” entre George Foreman y Mohamed Alí. Cuestiones económicas pesaron lo suficiente para que el evento se lo llevaran al centro de África. Foreman era el campeón de los pesos pesados, Alí regresaba a los cuadriláteros después del retiro voluntario que tomó para evitar el servicio militar.

La pelea estaba pactada a 15 rounds. Foreman atacó desde el primer asalto tirando lo mejor de su repertorio mientras que Alí solamente se defendía, retrocedía, se recargaba en las cuerdas para asimilar el golpeo. Esa fue la tónica durante los primeros siete rounds. Por fin, en el octavo, Alí enfrentó a su rival, conectó el golpe que quería y ganó por nocaut.

El escritor Norman Mailer, que se pasó varias semanas en Zaire visitando diariamente los campamentos de ambos boxeadores y después hizo una crónica magistral de la pelea en su libro “El Combate”, entrevistó posteriormente a Alí, quien le confió la estrategia que había seguido y que más o menos era la siguiente: recibir todos los golpes que Foreman pudiera tirar y, cuando éste ya hubiera utilizado infructuosamente su arsenal, irse al ataque. La estrategia funcionó.

Viene a cuento lo anterior porque tiene cierta analogía con la relación entre el Presidente López Obrador y la prensa durante el primer año de gobierno. La relación, sin duda ha sido áspera. El Presidente lanzó algunos tiritos de tanteo, como aquello de periodistas “fifís” y no ha dejado de lanzar puyas y dar consejos sobre su visión del oficio periodístico. Por su parte, la prensa en general no ha dejado de criticar en todos los tonos las principales acciones de gobierno tomadas hasta ahora.

El caso es que, a un año de distancia y miles de críticas recibidas de los más serios periodistas de México, el Presidente sigue intacto. Como ocurrió con Alí en aquella pelea en Zaire, López Obrador salió indemne de la andanada de descalificaciones.

Lo anterior plantea un panorama poco favorable para la relación Presidente-periodistas en el segundo año de gobierno.

Por un lado, López Obrador ya se dio cuenta que la crítica, por más contundente que sea, no le hace mella y por lo tanto podría optar por mantenerse insensible ante los argumentos descalificatorios de la prensa.

O lo que sería peor, el que los periodistas, desilusionados por la indiferencia presidencial bajen los brazos y pierdan su enjundia, lo cual tumbaría uno más de los contrapesos serios y responsables que tiene la sociedad frente al poder.

Lo ideal es que la relación tome su camino natural, de mutuo respeto y cada quien en lo suyo: López Obrador gobernando y los periodistas informando, analizando, evaluando, opinando y formando opinión colectiva seria y responsable.

El periodismo debe ejercer hoy, como lo ha hecho en otras épocas históricas de nuestro país, su misión vigilante, crítica y propositiva de la actuación del poder público en turno.

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