Aborto micro o macroscópico

MIRADOR... SALVADOR ECHEAGARAY

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Como usted ya se ha dado cuenta, estimado lector, el debate sobre la legalización o no del aborto en cualquier lugar o circunstancia causa polémica, odios, rencores, insultos, animadversiones, etcétera, etcétera.

Y es que la práctica del aborto no es cualquier tema que haya que tomarse a la ligera. Es algo sumamente importante. Es trascendente. Tiene que ver con nuestro futuro como humanidad y con nuestro pasado, pues si hace 50 años se hubiera legalizado en todo el mundo, ¿cuántos hubieran sobrevivido para contarlo? Seguramente, muchos de los que hoy abogan por el aborto, no hubieran nacido. O tal vez, usted o yo.

Así que, también tiene que ver con nuestro presente. De la misma manera posee relación con nuestro futuro, pues de aceptarse en todo el mundo reduciría drásticamente la humanidad. Para muchos, esto sería interesante, porque creen que la Tierra está sobrepoblada, más bien está mal distribuida, pero esto es otro asunto. Aquí lo que nos trae la opinión de hoy es si el aborto debe ser permitido o no.

Legalizar el aborto es como si se legalizara el asesinato. Que los titulares de los periódicos matutinos dijeran: “Se ha aprobado el asesinato de seres humanos. De la edad que sea, de la condición social, del sexo, profesión, raza, ciudadanía o religión”.

Eso es diferente, dirán muchos. Pues, les respondemos que no. Es lo mismo. Para esto tenemos que recurrir a la filosofía. Precisamente a Aristóteles de Estagira quien vivió en el siglo tercero antes de Cristo.

Aristóteles, con su teoría de la potencia y el acto nos dice que todo está en potencia y en acto respecto a algo. Por ejemplo, usted lector, está en potencia de leer este artículo o en potencia de dejarlo empezado. Cuando lo termine o cuando lo deje estará en acto respecto a eso. Pongamos otro ejemplo:usted está en potencia de ir de vacaciones a Hawai. Cuando llegue a Honolulu ya estará en acto como vacacionista y, al mismo tiempo, en potencia de irse a las Bahamas o de regresar a su trabajo.

El mismo razonamiento podemos hacer respeto a un espermatozoide. Está en acto como esperma, pero está en potencia de penetrar en un óvulo y fecundarlo o de ser expulsado. Lo mismo decimos del óvulo femenino, está en acto como óvulo y en potencia de ser fecundado o ser desechado. Si el óvulo es fecundado está en acto como ser humano, pues tiene toda la información genética, ya está determinado su sexo, el color de su piel, de sus ojos, su temperamento, etcétera. Simplemente está en crecimiento, pero ya en acto como humano. Estará en potencia de ser músico, médico, periodista o activista político, pro abortista o pro vida, pero de que es un humano no hay duda.

Y tanto vale un ser humano de segundos de concebido como de años vividos. O tanto vale un ser humano microscópico como uno plenamente desarrollado de dos metros o macroscópico. Imagínese que alguien corte con tijeras gigantes o cuchillos enormes y desgarre a un ser humano desarrollado. ¡Qué crueldad!, diría, pero, fíjese que es lo mismo, sólo cambia el tamaño, micro o macro.

Ese cigoto humano recién concebido, desgraciadamente está en potencia de ser abortado. Interrumpido su crecimiento, su desarrollo. Y lo más grave es que al abortarlo, no sólo se mata a esa persona en particular, pues está en potencia de ser padre o madre, abuelo o bisabuelo y al asesinarlo se mata a toda su eventual descendencia. He ahí, una parte de la importancia de no seguir con la idea de aprobar el asesinato del aborto.

Por cierto, el Senado de Argentina dio una muestra de humanismo al rechazar valientemente la aprobación del aborto.

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