A 100 AÑOS DE FÁTIMA

TXT: PHILIPPE LUC HENAULT / EXCLUSIVO PARA POLÍTICA

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Santuario de la Virgen de Fátima.

En este 2017 se cumplen 100 años de tres acontecimientos que cimbraron al mundo y que, a pesar de su aparente inconexión, están íntimamente ligados: 1. La Revolución Bolchevique; 2. La Declaración Balfour que alargó la Primera Guerra Mundial, y 3. Las profecías de Nuestra Señora de Fátima a tres pastorcitos de Portugal.

1. La Revolución Bolchevique (febrero a octubre de 1917) fue un verdadero tsunami ideológico que no se limitó al territorio ruso, sino que extendió sus tentáculos hacia otros países, incluso de otros continentes, con un costo enorme en vidas humanas y daños económicos, políticos y religiosos. La Rusia de los zares facilitó el terreno para el marxismo, al igual que la monarquía de Luis XVI para la Revolución Francesa: un poder debilitado en ambos países permitió el avance de ideas liberales que pudieron permear entre la sociedad gracias al trabajo meticuloso operado por las logias. Ni el zar Nicolás ni el rey francés, rodeados de consejeros dudosos (Rasputín y el ministro Necker, respectivamente) tuvieron visión ni carácter para frenar los primeros brotes de violencia. Y ya sabemos el trá- gico desenlace para ambos gobernantes.

2. La Declaración Balfour surgió de un documento publicado el 2 de noviembre de 1917, en el que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un “hogar nacional judío” en el Mandato Británico de Palestina. El formato del documento era una carta firmada por el secretario de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía de Gran Breta- ña para su transmisión a la Federación Sionista de ese país. El fin era lograr a través de esta declaración el apoyo de los medios sionistas americanos para seguir la guerra en Europa; se consiguieron a través de esta declaración recursos para apoyar a Inglaterra y Francia y alargar la matanza entre europeos.

La Primera Guerra Mundial acabó con las últimas monarquías que todavía estaban presentes en el viejo continente, entre otras el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio de Alemania, y acabó con la elite social e intelectual de varios países de Europa, objetivo que se logró y soldó por la muerte de millones de muertos. Concluyó con el Tratado de Versalles que, lejos de apaciguar los ánimos y construir las bases de una paz duradera, impuso condiciones humillantes y abrió el camino de la Segunda Guerra Mundial.

3. Las apariciones de la Virgen de Fátima deben ser consideradas como elementos claves en relación a los dos temas anteriores. No podemos ignorar que, entre los mensajes transmitidos en 1917 por la Virgen a los tres pastorcitos, se daba a conocer a conocer al mundo la posibilidad del estallido de conflictos, entre ellos la Segunda Guerra Mundial.

Ahora bien, si dicho acontecimiento fue la mayor demostración de la veracidad aplastante de las profecías de Fátima, ¿cómo podemos ser tan sordos a los constantes llamados al arrepentimiento que siguieron y nos siguen llegando para mitigar eventos trágicos de carácter planetario?

Por cierto, el cumplimiento de dichas profecías no era fatal, sino que estaba condicionado. La Virgen pidió acciones que nunca fueron llevadas a cabo como ella lo solicitaba: la consagración de la URSS (no de la actual Rusia) al Corazón Inmaculado de María y el rezo diario del Santo Rosario.

La Iglesia procura no establecer fechas, aplicando así el consejo de Cristo: “¡Velad pues, porque no sabéis ni el día ni la hora!”. Pero estamos llegando a una etapa crucial, un cambio radical con una amplitud mayor a la caída del Imperio Romano, quizá a la Segunda Guerra Mundial. Entonces, ¿no será prudente velar y orar, frente al panorama convulso que regresa amenazante contra la humanidad?

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